martes, 10 de mayo de 2022

Contra la adversidad

 

Cuando era niño tenía una madre que me tuvo ya grande, ella tenía 39 años cuando nací, después de casi siete años de haber cerrado su expectativa de Madre, es decir... Llegue de improviso como un pilón añadido a una familia de 5 hijos.
 
Mi padre era aún más grande el tendría 47 años, era el año de 1963 y tuve la fortuna de llegar anticipadamente o bien repentinamente pero sin peso y sin talla necesarias para vivir como lo necesitaría cualquier bebé "normal". Mi hermano mayor, a quien aprendí a querer con los años y con mis canas, sería 13 años mayor que yo y mi hermana mayor 12 años y mis precarias condiciones de salud al nacer me hicieron cambiar mi habitación del vientre cálido de mi madre por una fría caja de metal que me alimentaría para seguir creciendo, seguir "incubando" ese pequeño crió de 1,300 gms más pequeño que una muñeca de mis hermanas de las que les habían desnudando para vestir a ese micro crió ya que toda la ropa que mi Madre había comprado para mi, me quedaría grande!.
 
Mi madre también había quedado delicada pero sería fuerte aunque triste por romper las expectativas del niño sano que debía ser. Mis hermanos esperaban celebrar el día de las madres con su madre hospitalizada y su "nuevo hermanito" tan pequeñito como delicado.
Logré sobrevivir al frío calor de una incubadora moderna y al fin me dejaron salir para que mi madre me recibiera en casa junto a mi padre maduro, calvo, amoroso y mis 5 hermanos a quienes aprendí a amar desde esta enorme pequeñez y mi esperanza.
 
Tres meses después, iríamos a un día de campo con la abuela, mis hermanos, algunos primos y el pequeño Pablito, ya no tan pequeño pero si frágil, le contagió una bacteria que se me subió al cuerpo me hizo regresar al hospital y de nuevo me pondrían a prueba. El médico le dijo a Papá que la cosa era seria por que esa condiciones infecciosa debía atenderse pero desgraciadamente en ese 1963 no existía en México el antibiótico que ese crió pequeño necesitaba y que quizás sólo lo encontrarían en los Estados Unidos, mi padre vestido de héroe se puso su capa y raudo y veloz se dirigió, receta en mano, al aeropuerto de la Cd de México para buscar un vuelo para Estados Unidos y busco al piloto que llevaría el vuelo y le imploró que pudiera conseguir ese extraño antibiótico porque su pequeño hijo menor dependía de él para seguir viviendo. Aquel capitan piloto aviador vió a mi Padre tan desesperado que asintió afirmativamente que buscaría el medicamento y que el día siguiente volvería esperando encontrarlo en alguna ciudad norteamericana al que se dirigía esa aeronave.
La fortuna siguió de mi lado y el medicamento llegó pronto y mi padre lo llevó al hospital y ese pequeño podría salvarse de bicho mortal y seguir jugando a la vida en pequeño...
Ese niño le salieron canas, arrugas y cataratas pero se volvió agradecido con la vida y con la familia que le acompañó en sus hermanos que jugarían a ser niños sin serlo y disfrazarse de superheroes y treparse al closet de los velices como la más hermosa baticueva que Batman le constuye a Robin para compartir "twinkies" y "chaparritas de uva" como aquella incubadora que me incubo para vivir. Gracias Alejandro por ser niño grande para que yo fuera niño feliz gracias Andy por asomarte a mi niñez y enseñarme a escuchar mis canciones tan tuyas desde tu viejo torna mesa, gracias Marytere porque te disfrazarse de Madrina mágica y jugaste a mi lado cariñosamente, gracias Miguel aún cuando me di cuenta que ya te habías marchado a vivir tu vida de adulto adolescente pero regresaste para ser mi amigo. Gracias Lety porque me permitiste conocer a Franky y me sumaste un hermano mientras los acompañaba al auto cinema satélite a comer de tus deliciosos sandwiches y uds. A ver películas en el viejo opel que nos cobijaba.
Mi infancia fue la mejor infancia que un niño viejo pudo soñar tener entre cinco hermanos muy mayorcitos pero siempre atentos y cariñosos...
Pablo Lorenzo García "pablito"

No hay comentarios:

Publicar un comentario