martes, 10 de mayo de 2022

Cerrar un Ciclo


Entre tantas canas que peinar y tanta catarata contra la que luchar me recuerda que quizás aún no soy viejo, que la vejez es cosa de más años. La vejez es una serie de experiencias mayores y no de carencias enormes o miedos que se van acumulando con los años. Se requieren más de 5 decadas para entender al "Shaman" al Sabio que sabe con exactitud ¡qué es lo que no sabe!
 
La dentadura ya no es tan dura y llena de hoyos que rellenar y la vista no alcanza hasta donde antes alcanzaba, la memoria se traslada hacia muchos años atrás se cuentan muchas más historias que a su vez nos habián contado quienes ya se han ido pero esa memoria ya no alcanza para recordar lo hecho y deshecho el día de hoy, ¿dónde quedaron las llaves?, ¿dónde quedaron los anteojos? y estos objetos se enfrentan muertos de risa frente a los ojos del anciano sabio que los busca estando frente a él.
 
La vejez no es cosa de años que se acumulan uno a uno en la bendita experiencia que no es la que marcan las agujas de un reloj biológico, la vejez es un juego de cartas que se guardan en una relación epistolar con el tiempo acumulado en la sangre.
La vejez se va acercando poco a poco cuando la mirada se va perdiendo con aquello que se va alejando poco a poco. 
 
La vejez se debe disfrutar cuando la digestión no puede degustar ni las carnes ni los postres, demasiado colesterol, demasiada glucosa.
Un viejo es un vino que jamás se avinagra cuando se supo guardar debidamente en una cava donde se guardan los años y los amores siempre horizontales, siempre a media luz.
Hoy me he acercado afectivamente a mi vejez que veo con la claridad que mi catarata me permite y la degusto en una copa cristalina donde las lágrimas del vino caen sobre mis mejilas de cristal. Hoy soy un poco más viejo y un mucho más sabio para "saber callar cuando habla el que mas sabe" diria Alberto.
Aprender a escuchar es la clave cuando se tiene intenciones de saber.
Hoy estoy agradecido con mi vejez de 9 años cuando hace exactamente nueve años volvi a nacer y decidí aprovechar la oportunidad que la vida me dió para continuar andando por este camino mágico de una forma sinuosa y ascendente. Es decir, soy un anciano joven de nueve años que antes de su primera década pintara todas sus canas y renovara sus dientes y caminara lerdo con la paciencia que un viejo de una sola década puede lograr.
 
Esta historia mía es un cuento de hadas renovado y a la vez envejecidolleno de brujas hermosas llenas de rimel y labial rojo y de magos cegatones que logran milagros con una varita rota entre sus falanges artríticas. Eso si con un dragón viejo que de tantos dientes perdidos ya no puede escupir fuego sino flemas atascadas en una glotis reseca y partida.
Bendita ancianidad de nueve años que me invita a escribir historias que pronto se me habrán de olvidar una a una dándole la bienvenida al Alhzheimer maldito que me impedirá recordar aquello que debí de haber olvidado hacia nueve años.
 
Pablo Lorenzo García
Mayo 8 de 2022

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