jueves, 26 de mayo de 2022

Mi Tío Pedro

 

Tenía 10 años y un gato.... Y ahora soy un despojo de historias infantiles que he dejado atrás. Historias que están llenas de personajes que como máscaras se me suben al rostro y me quitan un disfráz que fui construyendo poco a poco con una familia enorme y llena de locuras dignas de contar en una crónica de héroes y heroínas que tenían in vínculo rojo con mi niñez.
 
Tuve un tío, que era tío de mi Madre, primo de mi abuela, que en un tiempo lejano y sombrío para él se vio obligado a defender su pena en una penitenciaria durante muchos años.
Mi tío Pedro era un hombre bueno y era un hombre normal con esposa y trabajo pero un buen día la esposa enfermo y con escasos recursos le llegó la muerte y la tuvo que enterrar con un feretro lleno de tristeza ajena. Cuando regresó a su casa ajena y rentada el "rentero" le reclamó las rentas atrasadas y adeudadas y la pena de mi tío le lleno el alma y en lugar de encontrar billetes y monedas con las que pagar la renta encontró un arma cargada para pagar la deuda y cuando regresó a la puerta descargó las balas sobre aquel administrador quien muriera al instante. Y mi tío se quedó con otra deuda más a pagar en Lecumberri durante 15 años.
 
En la estadía en dicho recinto penitenciario de muy famosos inquilinos entre políticos, delincuentes, artistas, asesinos seriales, jóvenes universitarios y soñadores sociales de izquierda. Mi tío Pedro deambuló por las crujía frías y sucias de ese histórico lugar.
Y siendo yo un niño, mi tío me contaba historias que me dejaban absorto de ilusión y de interés, me contaba que conoció a un señor muy gentil y de voz pausada y lentes de fondo de botella de nombre Gregorio Cárdenas alias "Goyo" que había tenido una historia sumemante interesante y macabra, era el primer asesino serial en México y ese niño de 7 años abría sus ojitos enormes para conocer las historias maravillosas de ese tío "papillon" cómo solían llamarlo mis hermanos mayores por la similitud con el personaje de la cárcel de la Guyana Francesa condenado a cadena perpetua.
 

 
Mi tío Pedro me decía que conoció un personaje extraordinario por la belleza de sus manos de artista y su conciencia social de compromiso con la parte izquierda de la conciencia, un luchador social que pintaba murales para distraerse y gritar sus ideales, imaginaba a mi tío Pedro, pequeñito como era, sentado en un banquillo frente a David Alfaro Siqueiros en franca charla junto a dos caballetes con sendas lienzos con óleos de tan enorme artista plástico.
Tantas y tantas historias de la boca de mi tío Pedro escuché antes de los 9 años, fue mi maestro de historia y fue quizás uno de mis mejores maestros de vida! Gracias Tío Pedro...
Pablo Lorenzo García

martes, 10 de mayo de 2022

Contra la adversidad

 

Cuando era niño tenía una madre que me tuvo ya grande, ella tenía 39 años cuando nací, después de casi siete años de haber cerrado su expectativa de Madre, es decir... Llegue de improviso como un pilón añadido a una familia de 5 hijos.
 
Mi padre era aún más grande el tendría 47 años, era el año de 1963 y tuve la fortuna de llegar anticipadamente o bien repentinamente pero sin peso y sin talla necesarias para vivir como lo necesitaría cualquier bebé "normal". Mi hermano mayor, a quien aprendí a querer con los años y con mis canas, sería 13 años mayor que yo y mi hermana mayor 12 años y mis precarias condiciones de salud al nacer me hicieron cambiar mi habitación del vientre cálido de mi madre por una fría caja de metal que me alimentaría para seguir creciendo, seguir "incubando" ese pequeño crió de 1,300 gms más pequeño que una muñeca de mis hermanas de las que les habían desnudando para vestir a ese micro crió ya que toda la ropa que mi Madre había comprado para mi, me quedaría grande!.
 
Mi madre también había quedado delicada pero sería fuerte aunque triste por romper las expectativas del niño sano que debía ser. Mis hermanos esperaban celebrar el día de las madres con su madre hospitalizada y su "nuevo hermanito" tan pequeñito como delicado.
Logré sobrevivir al frío calor de una incubadora moderna y al fin me dejaron salir para que mi madre me recibiera en casa junto a mi padre maduro, calvo, amoroso y mis 5 hermanos a quienes aprendí a amar desde esta enorme pequeñez y mi esperanza.
 
Tres meses después, iríamos a un día de campo con la abuela, mis hermanos, algunos primos y el pequeño Pablito, ya no tan pequeño pero si frágil, le contagió una bacteria que se me subió al cuerpo me hizo regresar al hospital y de nuevo me pondrían a prueba. El médico le dijo a Papá que la cosa era seria por que esa condiciones infecciosa debía atenderse pero desgraciadamente en ese 1963 no existía en México el antibiótico que ese crió pequeño necesitaba y que quizás sólo lo encontrarían en los Estados Unidos, mi padre vestido de héroe se puso su capa y raudo y veloz se dirigió, receta en mano, al aeropuerto de la Cd de México para buscar un vuelo para Estados Unidos y busco al piloto que llevaría el vuelo y le imploró que pudiera conseguir ese extraño antibiótico porque su pequeño hijo menor dependía de él para seguir viviendo. Aquel capitan piloto aviador vió a mi Padre tan desesperado que asintió afirmativamente que buscaría el medicamento y que el día siguiente volvería esperando encontrarlo en alguna ciudad norteamericana al que se dirigía esa aeronave.
La fortuna siguió de mi lado y el medicamento llegó pronto y mi padre lo llevó al hospital y ese pequeño podría salvarse de bicho mortal y seguir jugando a la vida en pequeño...
Ese niño le salieron canas, arrugas y cataratas pero se volvió agradecido con la vida y con la familia que le acompañó en sus hermanos que jugarían a ser niños sin serlo y disfrazarse de superheroes y treparse al closet de los velices como la más hermosa baticueva que Batman le constuye a Robin para compartir "twinkies" y "chaparritas de uva" como aquella incubadora que me incubo para vivir. Gracias Alejandro por ser niño grande para que yo fuera niño feliz gracias Andy por asomarte a mi niñez y enseñarme a escuchar mis canciones tan tuyas desde tu viejo torna mesa, gracias Marytere porque te disfrazarse de Madrina mágica y jugaste a mi lado cariñosamente, gracias Miguel aún cuando me di cuenta que ya te habías marchado a vivir tu vida de adulto adolescente pero regresaste para ser mi amigo. Gracias Lety porque me permitiste conocer a Franky y me sumaste un hermano mientras los acompañaba al auto cinema satélite a comer de tus deliciosos sandwiches y uds. A ver películas en el viejo opel que nos cobijaba.
Mi infancia fue la mejor infancia que un niño viejo pudo soñar tener entre cinco hermanos muy mayorcitos pero siempre atentos y cariñosos...
Pablo Lorenzo García "pablito"

Oda a mi solitaria infancia


Era niño y convocaba a mi niñez a jugar en solitario y silenciosamente para no perturbar a los otros juguetes que descansaban en silencio.
No me alcanzaba el tiempo y la alegría para saber si era o no un niño triste o solitario, pero si me alcanzaba para sentirme acompañado por esas figuras de plástico que nunca me dejaron solo, y aquellas fichas del idema , que como Legos iban creciendo junto conmigo.
Aquellos figurines que salían alegremente de los "twinkies wonder" que mi padre me compraba en la tienda del mercado y yo los atesoraba fielmente cada semana y por años fueron fieles compañeros de mi soledad de niño, eran los personajes de las caricaturas de "Hanna-Babera" que veía en la tele y habían cobrado vida y podía tocarlos y convertirlos en compañeros de juego y de infancia compartida.
Eramos tantos y yo...tan solo, eramos muchos y yo...era uno solo, pero bastaban mis muñequitos de plástico para ser feliz conmigo mismo, mis tabiques de lego para construir mis sueños, mi "hot wheels" en la maleta que mi hermano me había regalado cuando se fue a California. Eran mis tesoros y yo era uno solo con ellos.
 
Había un hermano que se solidarizaba con mi soledad de 7 años después, mi hermano que se disfrazaría gustoso para acompañarme en el ático y robarnos "gansitos" como tesoro gastronómico que Batman y Robin degustaban como platillos exquisitos en la baticueva donde la archienemiga pública Mamá con certeza nos encontraría,
 
¡Cómo disfrute mi infancia en soledad!, !Cuántos juegos invente al estar solo y callado en el pasillo eterno de Anaxágoras para no pertubarbar el sempiterno caminar de mis hermanas repitiendo eternamente los nombres, fechas, datos de un examen de historia "y las cartas de relación que escribiera Hernán Cortés" que yo me aprendí de memoria antes que ellas.
Me tocó una niñez divinamente solitaria, me tocó descubrir que era el último pero jamás el más pequeño, era mi turno de salir de casa y encontrar amigos y hermanos que nunca compartieron mi sangre y mi apellido pero si el cariño y fe de compartir juegos, cartas, escuela y niñez.
 
Pablo Lorenzo García

La Génesis de la Familia 1

 

Vengo de una familia muy grande por parte de mi Madre, quien tuvo 15 hermanos, ella era de las mayores nació en 1924 y en mi infancia cuando compartíamos en casa de los abuelos José y María, 
 
Ante tanta prole, siempre por obvias razones nos reuníamos muchos niños en el patio de la casa de la calle de Carracci cerca de insurgentes en la Cd de México. Recuerdo que en la casa de mi abuelo Chepo siempre había un refrigerador lleno de paletas heladas de sabores: limon, grosella, horchata, piña y no se cuantos sabores más, pero de niños era algo magicamente maravilloso abrir con todo el esfuerzo que implicaba subirse a un banquito y jalar fuertemente aquel porton de fierro del viejo refri y pedir una paleta a mi querido abuelo, no sin antes haber pasado la prueba que nos imponia para hacernos merecedores de tan sabroso y fresco premio, "mencionar el nombre de TODOS los tios en estricto orden cronológico", 
 
Mmmmh, vaya prueba difícil de superar....después de un pequeño rato los primos grandes, entre los cuales estaba mi hermana MaryTere, siempre ganaban al recitar la letania:
¡Concha, María, Pepe, Teresa (Mi Madre), Paco, Luis, Sara, Raúl, Miguel Queta, Paulino, Héctor, Maryluz, Martha, Jorge y Mily....ufff!!
Esta era solo una de las muchas pruebas que el abuelo nos hacia pasar y recuerdo que mi abuelo, con una paciencia enorme, de quien no solo ha vivido la vida con gran intensidad y sabiduría, sentado en su mecedora y leyendo el periódico con la calma como si quisiera memorizarlo por completo, mientras los nietos corriamos y jugabamos en el patio trasero de la casona de Carracci 133, nunca faltaba aquel niño que sin fijarse caía de bruces tras la zancadilla de alguna de las primas García Aguilar, quienes eran terribles en eso de las travesuras, que hacian, llorar al mismo demonio como barras y estrellas en el fantasma de canterville... en fin, ante aquel pequeño accidente en la caida del nieto, mi abuelo solo bajaba su periódico y sus lentes de pasta gruesa y sin inmutarse le decía al nieto caido: -¡Hijo...veen para que te levante!!....a lo que el niño caído; que en muchas ocasiones era un servidor; no le hacia ninguna gracia y ya sin necesidad de llorar, solo pensabamos, ¡ya para que!....
 
Pasaron cási 25 años después, cuando en una ocasión cuando mi hija mayor se entrenaba en el dificil arte de aprender a andar en bicicleta, y como era de esperarse entre un pedalazo y otro...¡¡que se cae!! y al verla caer desde lejos, le grito: ¡Hija...ven para que te levante!.....
Como un balde de agua fria, como un dejavu, me traslade al patio de la casa de Carracci 133 y entendi hasta ese momento para qué me decia mi abuelo esta frase tan socorrida por él y tan odiada por llos nietos..
 
"Cuando tú te caigas yo no estare ahi para que levantarte, pero si estare esperandote ahi cerc de ti, confiando que siempre te levantaras por ti mismo"...Gracias Abuelo Chepo....por esas enseñanzas que nunca es tarde para recordarlas y aprenderlas... (continuara)

Cerrar un Ciclo


Entre tantas canas que peinar y tanta catarata contra la que luchar me recuerda que quizás aún no soy viejo, que la vejez es cosa de más años. La vejez es una serie de experiencias mayores y no de carencias enormes o miedos que se van acumulando con los años. Se requieren más de 5 decadas para entender al "Shaman" al Sabio que sabe con exactitud ¡qué es lo que no sabe!
 
La dentadura ya no es tan dura y llena de hoyos que rellenar y la vista no alcanza hasta donde antes alcanzaba, la memoria se traslada hacia muchos años atrás se cuentan muchas más historias que a su vez nos habián contado quienes ya se han ido pero esa memoria ya no alcanza para recordar lo hecho y deshecho el día de hoy, ¿dónde quedaron las llaves?, ¿dónde quedaron los anteojos? y estos objetos se enfrentan muertos de risa frente a los ojos del anciano sabio que los busca estando frente a él.
 
La vejez no es cosa de años que se acumulan uno a uno en la bendita experiencia que no es la que marcan las agujas de un reloj biológico, la vejez es un juego de cartas que se guardan en una relación epistolar con el tiempo acumulado en la sangre.
La vejez se va acercando poco a poco cuando la mirada se va perdiendo con aquello que se va alejando poco a poco. 
 
La vejez se debe disfrutar cuando la digestión no puede degustar ni las carnes ni los postres, demasiado colesterol, demasiada glucosa.
Un viejo es un vino que jamás se avinagra cuando se supo guardar debidamente en una cava donde se guardan los años y los amores siempre horizontales, siempre a media luz.
Hoy me he acercado afectivamente a mi vejez que veo con la claridad que mi catarata me permite y la degusto en una copa cristalina donde las lágrimas del vino caen sobre mis mejilas de cristal. Hoy soy un poco más viejo y un mucho más sabio para "saber callar cuando habla el que mas sabe" diria Alberto.
Aprender a escuchar es la clave cuando se tiene intenciones de saber.
Hoy estoy agradecido con mi vejez de 9 años cuando hace exactamente nueve años volvi a nacer y decidí aprovechar la oportunidad que la vida me dió para continuar andando por este camino mágico de una forma sinuosa y ascendente. Es decir, soy un anciano joven de nueve años que antes de su primera década pintara todas sus canas y renovara sus dientes y caminara lerdo con la paciencia que un viejo de una sola década puede lograr.
 
Esta historia mía es un cuento de hadas renovado y a la vez envejecidolleno de brujas hermosas llenas de rimel y labial rojo y de magos cegatones que logran milagros con una varita rota entre sus falanges artríticas. Eso si con un dragón viejo que de tantos dientes perdidos ya no puede escupir fuego sino flemas atascadas en una glotis reseca y partida.
Bendita ancianidad de nueve años que me invita a escribir historias que pronto se me habrán de olvidar una a una dándole la bienvenida al Alhzheimer maldito que me impedirá recordar aquello que debí de haber olvidado hacia nueve años.
 
Pablo Lorenzo García
Mayo 8 de 2022

lunes, 2 de mayo de 2022

Ese niño que fuí

 

Cuando era niño tenía una madre que me tuvo ya grande, ella tenía 39 años cuando nací, después de casi siete años de haber cerrado su expectativa de Madre, es decir... Llegue de improviso como un pilón añadido a una familia de 5 hijos.
 
Mi padre era aún más grande el tendría 47 años, era el año de 1963 y tuve la fortuna de llegar anticipadamente o bien repentinamente pero sin peso y sin talla necesarias para vivir como lo necesitaría cualquier bebé "normal". Mi hermano mayor, a quien aprendí a querer con los años y con mis canas, sería 13 años mayor que yo y mi hermana mayor 12 años y mis precarias condiciones de salud al nacer me hicieron cambiar mi habitación del vientre cálido de mi madre por una fría caja de metal que me alimentaría para seguir creciendo, seguir "incubando" ese pequeño crió de 1,300 gms más pequeño que una muñeca de mis hermanas de las que les habían desnudando para vestir a ese micro crió ya que toda la ropa que mi Madre había comprado para mi, me quedaría grande!.
 
Mi madre también había quedado delicada pero sería fuerte aunque triste por romper las expectativas del niño sano que debía ser. Mis hermanos esperaban celebrar el día de las madres con su madre hospitalizada y su "nuevo hermanito" tan pequeñito como delicado.
Logré sobrevivir al frío calor de una incubadora moderna y al fin me dejaron salir para que mi madre me recibiera en casa junto a mi padre maduro, calvo, amoroso y mis 5 hermanos a quienes aprendí a amar desde esta enorme pequeñez y mi esperanza.
 
Tres meses después, iríamos a un día de campo con la abuela, mis hermanos, algunos primos y el pequeño Pablito, ya no tan pequeño pero si frágil, le contagió una bacteria que se me subió al cuerpo me hizo regresar al hospital y de nuevo me pondrían a prueba. El médico le dijo a Papá que la cosa era seria por que esa condiciones infecciosa debía atenderse pero desgraciadamente en ese 1963 no existía en México el antibiótico que ese crió pequeño necesitaba y que quizás sólo lo encontrarían en los Estados Unidos, mi padre vestido de héroe se puso su capa y raudo y veloz se dirigió, receta en mano, al aeropuerto de la Cd de México para buscar un vuelo para Estados Unidos y busco al piloto que llevaría el vuelo y le imploró que pudiera conseguir ese extraño antibiótico porque su pequeño hijo menor dependía de él para seguir viviendo. Aquel capitan piloto aviador vió a mi Padre tan desesperado que asintió afirmativamente que buscaría el medicamento y que el día siguiente volvería esperando encontrarlo en alguna ciudad norteamericana al que se dirigía esa aeronave.
 
La fortuna siguió de mi lado y el medicamento llegó pronto y mi padre lo llevó al hospital y ese pequeño podría salvarse de bicho mortal y seguir jugando a la vida en pequeño...
 
Ese niño le salieron canas, arrugas y cataratas pero se volvió agradecido con la vida y con la familia que le acompañó en sus hermanos que jugarían a ser niños sin serlo y disfrazarse de superheroes y treparse al closet de los velices como la más hermosa baticueva que Batman le constuye a Robin para compartir "twinkies" y "chaparritas de uva" como aquella incubadora que me incubo para vivir. Gracias Alejandro por ser niño grande para que yo fuera niño feliz gracias Andy por asomarte a mi niñez y enseñarme a escuchar mis canciones tan tuyas desde tu viejo torna mesa, gracias Marytere porque te disfrazarse de Madrina mágica y jugaste a mi lado cariñosamente, gracias Miguel aún cuando me di cuenta que ya te habías marchado a vivir tu vida de adulto adolescente pero regresaste para ser mi amigo. Gracias Lety porque me permitiste conocer a Franky y me sumaste un hermano mientras los acompañaba al auto cinema satélite a comer de tus deliciosos sandwiches y uds. A ver películas en el viejo opel que nos cobijaba. 
 
Mi infancia fue la mejor infancia que un niño viejo pudo soñar tener entre cinco hermanos muy mayorcitos pero siempre atentos y cariñosos...
Pablo Lorenzo García "pablito"