Tenía 10 años y un gato.... Y ahora soy un despojo de historias infantiles que he dejado atrás. Historias que están llenas de personajes que como máscaras se me suben al rostro y me quitan un disfráz que fui construyendo poco a poco con una familia enorme y llena de locuras dignas de contar en una crónica de héroes y heroínas que tenían in vínculo rojo con mi niñez.
Tuve un tío, que era tío de mi Madre, primo de mi abuela, que en un tiempo lejano y sombrío para él se vio obligado a defender su pena en una penitenciaria durante muchos años.
Mi tío Pedro era un hombre bueno y era un hombre normal con esposa y trabajo pero un buen día la esposa enfermo y con escasos recursos le llegó la muerte y la tuvo que enterrar con un feretro lleno de tristeza ajena. Cuando regresó a su casa ajena y rentada el "rentero" le reclamó las rentas atrasadas y adeudadas y la pena de mi tío le lleno el alma y en lugar de encontrar billetes y monedas con las que pagar la renta encontró un arma cargada para pagar la deuda y cuando regresó a la puerta descargó las balas sobre aquel administrador quien muriera al instante. Y mi tío se quedó con otra deuda más a pagar en Lecumberri durante 15 años.
En la estadía en dicho recinto penitenciario de muy famosos inquilinos entre políticos, delincuentes, artistas, asesinos seriales, jóvenes universitarios y soñadores sociales de izquierda. Mi tío Pedro deambuló por las crujía frías y sucias de ese histórico lugar.
Y siendo yo un niño, mi tío me contaba historias que me dejaban absorto de ilusión y de interés, me contaba que conoció a un señor muy gentil y de voz pausada y lentes de fondo de botella de nombre Gregorio Cárdenas alias "Goyo" que había tenido una historia sumemante interesante y macabra, era el primer asesino serial en México y ese niño de 7 años abría sus ojitos enormes para conocer las historias maravillosas de ese tío "papillon" cómo solían llamarlo mis hermanos mayores por la similitud con el personaje de la cárcel de la Guyana Francesa condenado a cadena perpetua.
Mi tío Pedro me decía que conoció un personaje extraordinario por la belleza de sus manos de artista y su conciencia social de compromiso con la parte izquierda de la conciencia, un luchador social que pintaba murales para distraerse y gritar sus ideales, imaginaba a mi tío Pedro, pequeñito como era, sentado en un banquillo frente a David Alfaro Siqueiros en franca charla junto a dos caballetes con sendas lienzos con óleos de tan enorme artista plástico.
Tantas y tantas historias de la boca de mi tío Pedro escuché antes de los 9 años, fue mi maestro de historia y fue quizás uno de mis mejores maestros de vida! Gracias Tío Pedro...
Pablo Lorenzo García
