La muerte es un tema bastante complicado de expresar y máxime cuando se trata de un ser amado es que muere o esta muriendo y en estos tiempos de pandemia ante el covid 19.
Primero, explicare que los niños, de manera natural, no tienden a ver y sentir la muerte de un ser cercano y amado de una manera trágica dado que los niños de manera natural no tienen miedo por la muerte, a menos de que los padres se expresen así de la muerte ante los hijos pequeños, es decir, los niños se expresan conforme lo han aprendido de sus padres, si los padres lo viven naturalmente y sin miedo y angustia, los hijos así lo podrán experimentar.
La muerte es una condición definitiva y definitoria.
Una de las condiciones que presenta la experiencia de muerte en el ser amado es que es definitiva, es "para siempre" y eso no tiene porque ser negativo, a menos de que lo sometamos a un juicio moral y lo veamos como negativo o "malo".
La figura de un abuelo para el nieto, es generalmente, la primera figura que se ausenta por muerte, y el niño aprende, aún cuando sea muy cercana su relación con su abuelo, que este cuando muere , ya nunca regresará y esto no le tiene por que angustiar, dado que en la mayoría de las culturas occidentales, el patrón de fe espiritual, nos dice que los seres amados trascienden hacia un lugar mejor o un sitio de continuidad cercanos a un Dios o ser superior. Cuando le preguntamos a un niño que ha perdido a un hermanito o un padre, que ¿dónde está este?, lo más natural es que el niño nos responda: Está en el cielo!, Está con Dios! y cuando nos responde notaremos que no hay angustia ni mayor tristeza cuando lo diga.
En cambio el adulto, cuando nos menciona la muerte de su ser amado, aun cuando haya pasado tiempo desde su partida, quizás se le escuche la voz entrecortada y sollozante, dependiendo de la forma en que haya muerto este último.
La muerte entonces es definitiva, porque define un antes y un después de la misma, y al mismo tiempo es definitoria porque nos ayuda a definirnos ante ella, es decir, tomamos una determinación ante nuestras emociones dentro de el vínculo con el ser amado que ha muerto.
Aprender a amar sin la presencia física del ser amado.
Uno de los paradigmas del amor, es que uno ama a través de sensaciones físicas y respuestas sensoriales de lo físico, escuchar, hablar, tocar, sentir, oler, mirar y ser mirado y al parecer toda nuestra experiencia amorosa frente al ser amado se describe y se "vive" bajo estas premisas sensorio-físicas. Cuando la muerte nos arrebata estas oportunidades de experimentarnos, pareciera que ya no podríamos amar y ser amados sin esa respuesta físico, sensorial, pero la tanatología, nos provoca un reto y una oportunidad de continuar el vínculo del amor, de hecho la muerte es la oportunidad más grande de amar y dejar de necesitar al ser amado, desde esa visión unilateral del que ama desde lo que recibe y no desde la dualidad del que da sin recibir obligadamente.
La persona amada, no está, sin duda, pero el vínculo entre ella y yo, continúa, y esto es una labor del proceso de duelo.
El niño aprende a amar de esta manera, pero él puede amar, "seres imaginarios" pero tan reales como su padre, su madre, su abuelo(a) y esta experiencia en donde el niño cree firmemente, siente firmemente que no le hace falta ese ser por que basta hablarle para que lo escuche, basta expresarle para que reciba su amor y esta experiencia se hace desde la libertad y la seguridad que el niño posee como un don infantil, que desgraciadamente los adultos perdemos en el aprendizaje social conforme crecemos. Los antiguos originarios nos han mencionado, "tu puedes crear aquello en lo que crees" por tanto la comunicación con el ser amado que ha partido es tan real como uno mismo y su creencia en ello.
La muerte y la física cuántica
Para explicar la dimensión de la vida después de la muerte, quiero utilizar una concepción del científico británico, recién fallecido: Stephen Hawking, quien en una de sus disertaciones en una escuela primaria acerca del tiempo y de los universos paralelos, un pequeño le preguntó ¿a dónde iban las gentes cuando morían?, a lo que el físico inglés respondió:
nuestra percepción se rige por 3 dimensiones, en la primera dimensión es una línea en donde viven dos seres amigos, lo que los comunica es precisamente esa linea entre ellos, pero si hubiera otro ser por debajo de esa línea, ninguno de los dos seres alineados, podría percibirlo solo que ambos construyeran una línea perpendicular a la línea en que viven, generando un cuadrado
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Solo así, entonces los seres alineados podrán percibir y comunicarse con el amigo que esta por debajo de ellos, pero si existiera un tercer amigo por delante o detrás de ellos, tampoco lo podrían percibir y comunicarse, a menos que construyeran una tercera linea que les diera profundidad a el cuadrado en el que viven, esto es una tercera dimensión. Es decir, un cubo, en donde los 4 podrián vivir felices de comunicarse y sentirse .

Pero si uno de los 4 personajes que viven en el cubo muriera, quizás podríamos pensar que tendría que salir de nuestro cubo y "vivir" fuera de él, pero en donde ninguno de los habitantes del cubo podría percibirlo ni comunicarse con él, más sin embargo él si podría percibirnos desde afuera más no comunicarse como estamos acostumbrados con palabras y símbolos.
Pero él está ahí, fuera de nuestro mundo cúbico a la espera de que un buen día pudiéramos salir a fusionarnos y unirnos con él, fuera de este nuestro cubo cósmico maravilloso.
Esta es una visión de la física cuántica en estos universos paralelos que describe también acertádamente Carl Sagan en su libro "Cosmos"
Esto implica una visión renovada y más ad-hoc a la mente infantil adaptativa y flexible, a lo que podríamos llamar, "plasticidad cerebral" de la muerte.
La angustia ante la muerte en el adulto.
El niño se conecta con la afectividad en que el adulto le muestra la muerte de su ser amado, vinculado a él, si el padre o la madre le muestra la muerte de su propio padre o madre desde su propia angustia o sufrimiento el niño se conecta con este sentimiento y/o emoción con que su madre le muestra la muerte. Si la Madre le muestra la muerte y la partida del ser amado como la virtud de la liberación de una enfermedad, el niño se alía con esa historia y esa versión liberadora de la muerte y la mira desde dicha naturalidad, por eso es importante que los padres se descubran cómo se sienten y qué proyectan al sentirse así, esto es una labor de dos que pueden proyectarse como espejos para descubrirse el uno al otro y después explicarle al niño de manera natural la partida del abuelo o abuela o su hermano(a) y al mismo tiempo incluir a dicha naturalidad el dolor y las lágrimas que muestren su congruencia de afectividad hacia el ser amado que ha partido.
Informarse para informar.
Es muy relevante no dar información al niño(a) que este no entienda como detalles médicos o clínicos de la enfermedad del abuelo o del ser amado si los mismos padres no la comprenden o no es necesario que conozcan dichos detalles de la muerte. Lo más simple suele ser más entendible, comprensible para un niño.
Hablar con la verdad.
En los momentos previos a la muerte, suele ocurrir que sintamos miedo y angustia por el desenlace final y suele ocurrir que neguemos la posibilidad de la muerte del ser amado ante los niños, sin tener que ser bruscos o poco prudentes con las noticias, debemos evitar crearles falsas expectativas de vida del ser amado, cuando estas no son reales, ya que de hacerlo así, el impacto de la muerte será mayor.
Confiemos en que los niños tienen en su ser infantil su propia protección ante el dolor por la partida definitiva del ser amado. Cuando ellos confían que su abuelo(a), padre, madre o hermano(a) simplemente cambio de domicilio definitivo pero sigue con ellos participando de este maravilloso vinculo de amor desde otra realidad, fuera de nuestro "añorado cubo cósmico"
Hasta la próxima amigos...
Pablo Lorenzo García
tanatólogo y psicoterapéuta Gestalt
director de Centro Vioss
ResponderEliminar"aprender amar sin la presencia física del ser amado"
mi frase favorita
!gracias!
Gracias a ti querida Nora por tu lectura atenta y amorosa
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