Un abuelo ha muerto, silenciosamente muerto en sus pulmones disfuncionales y enfisemicos.
Una abuela lo extraña también silenciosamente sin que nada ni nadie lo note. Solo ella lo hecha de menos, y este episodio se repite miles de veces en un evento eterno de pandemia de un virus que no suena poético sino patético.
Unos nietos siguen jugando, sin notar siquiera que el abuelo a partido, a un lugar sin retorno, se ha marchado definitivamente. Y los hijos adultos se preguntan cuánto dejó en el banco y quién tiene los documentos reclamatorios para recoger la carroña.
Una abuela solitaria lo extraña, después de 58 años de caminar a su lado, no se podrá acostumbrar a su ausencia y la nueva distancia. Pero sabe que no hay alternativa, tendrá que lidiar sola con una nueva cama más grande y vacía.
Con una misma casa más grande y solitaria, con una nueva vida sin sentido y fría.
tristemente es una realidad de muchas familias. casas grandes, frías y tristes por la ausencia de los abuelos.
ResponderEliminar!gracias! muy lindo
Así es mi querida Nora, pero debemos de hacer algo con amor y gratitud por ell@s
EliminarClaro , pienso que es momento de reconocer , acompañar y agradecer con amor a nuestros abuelos y padres
Eliminar