viernes, 21 de febrero de 2025

La tía vieja, la tieta

La Tía, esa hermana de mi Padre quien tuvo hijos ajenos, prestados de su hermano, quien hasta su vejez nos acercamos porque era lo último que nos quedaba del amor de Papá en sangre Colimota.
Y a sus noventa y cuatro primaveras le llego pronto el invierno, se le subió a las canas dejándole el pelo blanco, solo para recordar a la abuela, su Madre, la mamaita.
Se quedo sola sin darse cuenta y envejeció sin salir nunca del viejo ropero lleno de naftalina.
Se le murió su novio eterno de viejo, lleno de chocolates que cada semana le regalaba y ella celosamente guardaba al borde del ropero.
Se le murió su hermano que era su todo, su jefe , compañero, socio y cómplice de soltería.
Dejo ir a su hermana con quien vivía y aprendía a compartir la soledad, la cual construían codo a codo.También se le murió
Enterró uno a uno a sus amigos y familiares, con la paciencia de quien espera lentamente la muerte de sí mismo.
Tiene preparado su entierro y velatorio, así como tuvo listo su vestido de novia que nunca estrenó.
Se le murió Ana Julia, su confidente, hermana sin sangre compartida, se fue de a poco y sin sentirlo se le fue mi Madre quien la descubrió al final sin haber sido quien esperaba ser.
Ya no queda nadie, ya no queda nada, poco a poco se pierde la luz ante sus ojos, se va el sonido de la voz y sus oidos, ya solo espera leer su nombre del obituario del diario de Colima. Pero alguien tendrá que susurrálselo al oido y anotárselo en su libreta porque no lo podrá mirar, porque no lo podrá oir.
Pablo Lorenzo García 

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