Ella adoraba extrañarlo, de vez en cuando imaginarlo también. Hacia muchos años que él no solía aparecer por los rumbos de ella en donde solían caminar juntos, tomados de la mano, imaginando que con ese solo gesto hacían el amor. Caminaban erótica y erráticamente entre los jardines de un desértico parque silencioso.
El había olvidado su aroma y el sonido de su voz y su imagen delgada y con su vestido escotadon y sensual en su madurez.
Ella guardaba naftalina en su viejo ropero para evitar que las polillas se dieran un festín y fueran las únicas que disfrutaran de algo en aquella casona blanca y solitaria.
Había esperado tanto que su recuerdo estaba lleno de nostalgia y olvido.
El jugaba Alzheimer cuando se acordaba en donde estaba y recitaba silenciosamente los poemas españoles de su juventud. En aquella casona blanca en donde se resguardaba de sus viejos recuerdos que le atormentaban.
Ella jugaba a las escondidas, ocultándose de todo y de todos, hasta de su propia historia de olvidos y recuerdos de la infancia perdida.
El suponía que alguna vez estuvo casado al mirar un viejo anillo que urgaba entre las arrugas de sus artriticas falanges. Y solo imaginaba cómo sería aquella mujer enamorada de sus sueños.
Eran la pareja perfecta, del deposito de viejos, en donde años atrás los hubieran depositado en pisos diferentes pero con una sola historia de amor desde su olvido.
Plg
domingo, 17 de noviembre de 2019
miércoles, 2 de octubre de 2019
Los Niños y el Divorcio
Los Niños y el Divorcio
Pablo
L. García [1]
Hoy en día de cada dos matrimonies uno termina en
divorcio y muchas de las parejas divorciadas tienen niños. Los padres que se
están divorciando a menudo se preocupan acerca del efecto que el divorcio tendrá
en sus hijos. Durante este período difícil, los padres puede que se preocupen
por sus propios problemas, pero continúan siendo las personas más importantes
en la vida de sus hijos.
Mientras los padres bien pueden sentirse o desconsolados o contentos
por su divorcio, invariablemente los niños se sienten asustados y confundidos
por la amenaza a su seguridad personal. Algunos padres se sienten tan heridos o
abrumados por el divorcio que buscan la ayuda y el consuelo de sus hijos. El
divorcio puede ser malinterpretado por los niños a no ser que los padres les
digan lo que les está pasando, cómo les afecta a ellos y cuál será su suerte.
Los niños con frecuencia creen que son la causa
del conflicto entre su padre y su madre. Muchos niños asumen la responsabilidad
de reconciliar a sus padres y algunas veces se sacrifican a sí mismos en el
proceso. En la pérdida traumática de uno o de ambos padres debido al divorcio,
los niños pueden volverse vulnerables tanto a enfermedades físicas como
mentales. Con mucho cuidado y atención, sin embargo, una familia puede hacer
uso de su fortaleza o de sus factores positivos durante el divorcio, ayudando
así a los niños a tratar de manera constructiva con la solución al conflicto de
sus padres.
El hablarle a los niños acerca del divorcio es
difícil. Los siguientes consejos pueden ayudar a los niños y a los padres con
el reto y el estrés sobre estas conversaciones:
·
no lo
mantenga en secreto o espere hasta el último momento
·
infórmeselo
a su niño junto con cónyuge
·
mantenga
las cosas de manera simple y directa
·
dígale
que el divorcio no es culpa de él/ ella
·
admita
que ello será penoso y desconcertante para todos
·
asegúrele
a su niño que los dos todavía lo quieren y que siempre serán sus padres
·
no
discuta con el niño las faltas y problemas de cada uno de ustedes
Los padres deben percatarse de las señales
de estrés persistentes en su hijo o en sus hijos. Los niños pequeños pueden
reaccionar al divorcio poniéndose más agresivos, rehusándose a cooperar o
retrayéndose en sí mismos. Los niños mayores pueden sentir mucha tristeza o
experimentar un sentimiento de pérdida. Los problemas de comportamiento son muy
comunes entre estos niños y su trabajo en la escuela puede
afectarse negativamente. Ya sea como adolescentes
o como adultos, los hijos de parejas divorciadas a menudo tienen problemas en
sus relaciones y con su autoestima.
Los niños tendrán menos problemas si saben que su
mamá y su papá continuarán actuando como padres y que ellos los seguirán
ayudando aún cuando el matrimonio se termine y el padre y la madre no vivan
juntos. Las disputas prolongadas acerca de la custodia de los hijos o la
coerción a los niños para que se pongan de parte del papá o de la mamá les
pueden hacer mucho daño a los hijos y pueden acrecentar el daño que les hace el
divorcio. Las investigaciones demuestran que los niños se desarrollan mejor
cuando los padres tienen la capacidad de cooperar para su bienestar.
La obligación continuada de los padres por lograr el bienestar de los
hijos es vital. Si el niño muestra indicios de estrés, los padres deben
consultar con su médico de familia o con su pediatra para que los refiera a un
psicólogo de niños y adolescentes para que le haga una evaluación y les dé
tratamiento.
Además, el psicólogo de niños y adolescentes puede reunirse con los
padres para ayudarles a que aprendan qué hacer para que el estrés del divorcio
sea más fácil para toda la familia. La psicoterapia para los niños de una
pareja divorciada y para los padres divorciados
puede ser de gran beneficio.
Se ha convertido en mito el afirmar que todo niño que proviene de
familias de padres divorciados no podrá ser exitoso en el desarrollo de sus
relaciones sociales en su futuro, claro que le será difícil pero dependerá más
de la forma en que sus padres podrán establecer un nuevo modelo de comunicación
entre ellos y con sus hijos entendiendo que el divorcio separa necesariamente a
los esposos pero no necesariamente a los padres aunque esto sea complejo de
lograr pero es posible si comprenden que la figura parental no se pierde ni se
debe de enfrentar cuando hay conflictos irreconciliables entre la pareja.
Para eso es importante el apoyo de un especialista en psicoterapia de
pareja para que puedan construir ese modelo de comunicación de tolerancia y
aceptación aun vivan separados del hogar filial.
[1] Psicólogo
Clínico, Coordinador
de Orientación Psicológica del Colegio Miraflofes León y psicoterapeuta gestalt
de parejas y familias, Master en Orientación y Desarrollo Humano UIA (2008
revista de la Universidad Iberoamericana, CdMx)
La muerte del amor y la pareja
La Muerte del amor y la pareja
Pablo L. García
Trataré de analizar, muy brevemente, aquel
“sentimiento de vacío” que queda tras la muerte de uno de los integrantes de la
pareja.
Generalmente
siempre tendemos a negar nuestra propia muerte, no nos ocupamos de ella hasta
que nos parece inminente su acecho, pero que ocurre cuando no es la muerte de
uno la que está en juego sino la de otro y no otro cualquiera sino aquel que
llaman los psicoanalistas una verdadera figura significativa, alguien que forma
parte de nosotros, alguien a quien; respetando nuestra individualidad; le
pertenecemos y nos pertenece, alguien con quien decidimos conllevar este
respetable juego que llamamos Vida.
La teoría psicoanalítica nos dice
que uno de nuestros primeros temores cuando somos niños es la pérdida del
objeto o pérdida de la madre, que más tarde
pasa a ser el temor a la pérdida del amor del objeto[1].
Cuando somos adolescentes, al entablar relación con un compañero de otro sexo,
lo que estamos haciendo es buscar una relación estable de objeto tal y como la
teníamos en la primera etapa de nuestra vida, por esto es que muchas veces se
busca como pareja a aquella persona que tenga características similares a las
que tiene nuestra madre o padre. De hecho ese temor a la pérdida del objeto que
tenemos en la etapa primera de la vida (1 a 2 años u Oral) la seguimos llevando con nosotros a través de
nuestra existencia al igual que el temor a la pérdida del amor del objeto de la
etapa posterior, la anal (2-3 años).
Cuando
un neonato pierde a su madre, se presentan en la mayoría de los casos figuras
sustitutivas que de alguna manera permiten que el sujeto salga adelante pero en
contraste con la etapa oral (1-2 años) el sujeto adulto tiene que ayudarse a sí
mismo para elaborar la pérdida que acaba de sufrir.
Parece que cuando la vida se
comparte con una persona durante largo tiempo, cada una de las personas pierde
un tanto su identidad individual para adquirir una nueva identidad como pareja[2] De
hecho la identidad se adquiere como proceso formativo de modo que la identidad
individual no se pierde sino que se fortalece a manera de identidad de pareja.
No
debemos olvidarnos de que la pareja se encuentra formada por dos personas que
poseen una individualidad muy particular cada uno, por tanto cada miembro de la
pareja tiene que respetar esta individualidad.
En muchas ocasiones el olvido de
esta individualidad nos arrastra al egoísmo que se muestra muy claro en la
frase “ojala que el destino me hubiera llevado a mí en vez de ella(él)”
Nos
preocupa más el que se nos haya dejado solos, vacios, pero este egoísmo me
parece casi imposible de alejarlo de nuestra mente. El duelo es más que nada un
lamento porque el amor ha terminado.[3]
La muerte quiebra esa identidad de
la pareja como tal resquebrajada, ese mundo social y emocional al cual la
persona se había acostumbrado tanto, deja al sobreviviente solo, vacío. Pero
este dolor se incrementa ante la posibilidad de perder la propia identidad.
La
muerte de la pareja significa la pérdida parcial del propio ser.
La
persona que pierde al ser amado es vista, en algunas culturas, como objeto de
censura y de mala suerte o pena como es el caso de los “agutainos” de las islas
Filipinas:
“…una
viuda no debe abandonar su choza durante los 7 u 8 días siguientes a la muerte
de su esposo, y aún entonces solo podrá salir a una hora en la cual es probable
que no encuentre a nadie, pues aquel que la mire morirá súbitamente. Para
evitar tal catástrofe, al pasar, la viuda debe golpear los árboles avisando así
a los demás de su proximidad; al poco tiempo, los árboles que haya golpeado
morirán también.[4]
De alguna manera, el miembro de la
pareja sobreviviente al duelo por la pérdida del otro tiene el compromiso ante
sí mismo, de salir adelante como una forma de respeto para la persona amada y
así es como nosotros podremos aprender a morir.
Carlos
Biro[5]
nos dice: “Las características del adulto genuino, en un sentido psicológico y
evolutivo es saber dar y saber soltar. Pero saber soltar implica aprender a
aceptar que uno deja de ser necesario para la especie, que llega el momento en
que uno es dispensable como individuo”. En pocas palabras, saber soltar
significa: saber morir.
En el conflicto que surge de la
vivencia de la muerte del otro podemos encontrar una serie de mecanismos de
defensa.
Igor
Caruso menciona como mecanismos utilizados en el duelo:
a)La catástrofe del Yo.- En la separación se produce una muerte en la
conciencia. De tal muerte surge la desesperación; dos personas estaban fundidas
en una unión dual que solo tiene un modelo; la diada Madre-Hijo, la pérdida del
objeto de amor, que al mismo tiempo es fuerte objeto de identificación, conduce
a una mutilación del Yo por la pérdida de la identidad como pareja.
Para
que la muerte en la conciencia no se convierta en aniquiladora de la conciencia
(psicosis) y para que a la muerte en la conciencia no siga la extinción física
(morir psicosomático o suicidio) inmediatamente se ponen en juego los
mecanismos de defensa.
b) Agresividad.- Se manifiesta en la frase: “¿Cómo pudiste
abandonarme?”. El compañero respondía a poderosas esperanzas del ideal del Yo,
ahora debe ser desvalorizado para que el Yo, profundamente lesionado pueda
reconciliarse con un ideal del Yo, sacudido y decepcionado, y le sea posible
seguir viviendo. La agresividad permite una desidentificación con el objeto (el
amor se transforma en odio)Como una especie de formación reactiva.
c) Indiferencia.- sintetizada en la frase: “Me importa un bledo” Es la
expresión de una apariencia de protección y seguridad.
d) Huida hacia adelante.- La huida está determinada ante todo por el Superyo
con miras a la conservación del Ideal del Yo y se manifiesta como huida en la
actividad. Otra parte alternativa sería la huida en busca de placeres,
sostenida por el ello. La libido busca nuevos objetos por lo que puede aparecer
un mecanismo de desplazamiento.
Paralelamente al planteamiento hecho
por Caruso[6]
parece coincidir otro hecho expresado por Elizabeth Kübler-Röss en 1975.
Kübler-Röss
estableció cinco etapas por las que pasaban los pacientes moribundos que podían
también analizarse como las reacciones emocionales específicas que poseen los
sujetos que han experimentado la pérdida de un ser amado. Las etapas son:
1ª,
NEGACIÓN.- (No, No es cierto que esto me este sucediendo a mi”)
2ª.
RABIA y ENOJO.- “Porqué me sucede precisamente a mí y no a otro”
3ª.
REGATEO.- Prometiendo y Rogando a Dios
4ª.
DEPRESIÓN.- Reactividad de las pérdidas y duelos
5ª.
ACEPTACIÓN.- Realmente “estar listo” para recordar al ser amado sin dolor.
Para
Kübler-Röss[7]
lo importante es que la esperanza debe subsistir a través de las cinco etapas.
Muchos autores han tratado de
describir los sentimientos que se derivan de la pérdida del ser amado y de la
muerte como fenómeno por el cual, sin excepción, pasamos todos. Pero en
realidad muy pocos autores han sabido proyectar el sentimiento puro del vacío.
(De hecho la palabra “viuda” proviene de otra palabra latina que significa
vacio) y entre estos pocos autores se encuentran los novelistas y poetas.
Este
es otro punto de vista que nos complementa nuestro absurdo conocimiento de la
muerte.
Quitado
de teorías, de conceptos psicoanalíticos, de palabras vanas, el escritor nos
plantea un sentimiento sin mascaras académicas directamente sin intermediarios.
Nos muestra una realidad muy particular pero muy clarificante y muy sencilla.
Un ejemplo de esto es el escritor uruguayo, recientemente
fallecido,(2010) Mario Benedetti, el cual en su libro “La Tregua”[8]
nos narra una relación de pareja “suigeneris” en donde la muerte lleva el papel
protagónico dentro del desenlace.
Los personajes de Martín Santome, oficinista
Montevideano de 50 años y Laura Avellaneda, de 24, nos expresan: “Decir murió
viene de adentro, trae la verdadera respiración del dolor, es la desesperación,
la nada.
La muerte del otro nos hace ver la inmunda soledad, lo
que queda de la persona sobreviviente, que es bien poco.
El que queda, tenía más de la otra
persona que de sí mismo, como un río que se mezcla demasiado con el mar y al
fín se vuelve salado como el mar. Como si lo despojaran de cuatro quintas
partes de su ser. Ver muerta a la otra parte de la pareja es una indecorosa
desventaja. “que yo la viera y ella no, que yo la tocara y ella no”
Se tiene la seguridad de que entre
los dos existe una comunicación pero no hay seguridad si la otra parte no
existe.
Benedetti describe ese sentimiento
de vacio como el sentir que el corazón es una cosa enorme que empieza en el
estómago y termina en la garganta. Este sentimiento está íntimamente ligado,
como un hermano siamés, al sentimiento del amor, pero este sentimiento del amor
no es más que una tregua entre la vida y la muerte.
Tipos de Duelo - J. Armando Corbin
Agradezco a Juan Armando Corbin las aportaciones para poder entender los tipos de duelo existentes.
Los Ocho tipos de duelo y sus características
Juan
Armando Corbin
Universidad
de Buenos Aires,
El duelo es
una de las experiencias más duras por
las que puede pasar un ser humano a lo largo de su vida. Aunque muchas personas
lo asocien a la muerte, este fenómeno también puede ocurrir cuando nos rompen
el corazón o cuando perdemos un trabajo después de muchos años en el mismo
puesto; se produce, en general, en las situaciones en las que ocurre algo que
interpretamos como una pérdida.
Sin duda, superar el duelo es complicado, por lo que la
persona debe ir pasando una serie de etapas para volver a estar bien. Es una
experiencia muy dolorosa y cada individuo tiene una forma personal de vivirlo.
Asimismo, existen varios tipos de
duelo, por lo cual es complicado hablar de una secuencia de acciones a
realizar para asimilar esta experiencia del mejor modo posible. En este
artículo nos adentramos justamente en las diferentes clases de duelo y sus
características.
Las
5 fases del duelo
A lo largo de los años, han ido
apareciendo algunas teorías sobre las fases por las que pasa una persona que
está en un periodo de duelo. Una
de las más conocidas es la de psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross,
publicada en el año 1969 en el libro "Sobre la muerte y el morir"
Su idea se basa en que existen 5 etapas de duelo. Ahora bien, estas cinco fases no siempre se van
sucediendo con la misma colocación y de forma secuencial, es decir, no todas
las personas en fase de duelo tienen por qué atravesar las 5 etapas. Además,
cuando las atraviesan no tienen
porqué aparecer siempre en el mismo orden.
Según la teoría de Elisabeth
Kübler-Ross, las etapas del duelo son:
1.
Negación
La primera de las fases es la
negación, que se caracteriza porque la
persona no acepta la realidad (de
forma consciente o inconsciente). Esto ocurre como mecanismo de defensa y es
perfectamente normal. De esta manera, el individuo reduce la ansiedad del
momento.
El verdadero problema se da cuando
las personas quedan estancadas en esta etapa al no poder afrontar el cambio
traumático, así que lo ignoran como respuesta defensiva. La muerte de algún ser
querido, por supuesto, no es particularmente fácil de evitar y no se puede
eludir indefinidamente.
2.
Cólera o ira
La
tristeza puede llevar a una persona sufrir ira
y rabia y a buscar culpables.
Esta ira puede manifestarse de diferentes maneras, culpándose a uno mismo o
culpando a los demás, y puede proyectarse contra animales y objetos.
3 - Negociación
En esta etapa, el dolor lleva a
buscar una negociación ficticia. De hecho, muchas personas que se enfrentan a
la muerte tratan de negociar incluso con una
fuerza divina.
Otras personas, aquellas que sufren
un trauma menor, pueden llevar a cabo otras negociaciones o
compromisos. Por ejemplo "¿Podemos seguir siendo amigos?" o “Voy
a lograr esto por ti.” La negociación rara vez proporciona una solución
sostenible, pero puede reducir el dolor del momento..
4
- Depresión
El impacto de la pérdida de alguien
cercano puede llevar a una persona a una situación muy dolorosa, que viene
acompañada de una enorme tristeza y una crisis existencial, al darse cuenta de
que esa persona desaparece de su vida. Aunque los síntomas se asemejan al trastorno depresivo, una vez se produce la aceptación de la situación,
la sintomatología remite.
5
- Aceptación
Esta etapa sucede cuando se ha aceptado esta
situación dolorosa y depende de los
recursos de cada uno el aceptarla antes o después. No es una etapa que represente alegría, sino más
bien desapego emocional y comprensión de lo que puede haber sucedido. Si la
persona pasa mucho tiempo en proceso de duelo y no acepta la situación, es
necesario que busque ayuda psicológica para superarlo.
Tipos
de pérdidas
Puesto que la etapa de duelo no
necesariamente tiene que ocurrir por la pérdida de un ser querido, antes de
pasar a los tipos de duelo vamos a pasar a las diferentes clases de pérdidas que pueden
ocurrir:
·
Pérdidas
relacionales: Tienen que ver con las pérdidas de
personas. Es decir, separaciones, divorcio, muerte de seres queridos, etc.
·
Pérdidas de
capacidades: Ocurre cuando un individuo pierde
capacidades físicas y/o mentales. Por ejemplo, por una amputación de un
miembro.
·
Pérdidas materiales: Se da ante las pérdidas de objetos, posesiones y,
en definitiva, pérdidas materiales.
·
Pérdidas evolutivas: Son los cambios de las etapas de la vida: vejez,
jubilación, etc. No todo el mundo encaja igual esta situación.
No todas las pérdidas generan duelo, sin embargo, dependiendo de los recursos u otras
variables psicológicas (como la autoestima o falta de habilidades sociales) de
de cada uno, las pérdidas pueden provocar malestar y sufrimiento durante más o
menos tiempo.
Tipos de duelo
¿Cuáles
son los tipos de duelo que hay? A
continuación puedes encontrar los diferentes tipos de duelo.
1. Duelo anticipado
El duelo anticipado es aquel que se da antes de que la muerte haya ocurrido. Es habitual cuando se diagnostica una enfermedad
que no tiene cura. El proceso de duelo es el habitual, lo que la persona
experimenta diversos sentimientos y emociones que anticipatorios que le
prepararán emocional e intelectualmente para la inevitable pérdida.
El duelo anticipado es un proceso de duelo
prolongado, no tan agudo como el resto, dado que cuando llega la muerte se
suele experimentar, en parte, como algo que da calma.
2.
Duelo sin resolver
El duelo sin resolver, como su nombre
indica, significa que la fase de duelo sigue
presente. Sin embargo, suele denominarse así
al tipo de duelo que sucede cuando ha pasado cierto tiempo (entre 18 y 24
meses) y todavía no se ha superado.
3.
Duelo crónico
El duelo crónico también es una clase de duelo sin
resolver, que no remite con el paso del tiempo y
que dura durante años. También se denomina duelo
patológico o duelo complicado.
El duelo patológico puede darse cuando la persona
es incapaz de dejar de revivir de forma detallada y vívida los sucesos
relacionados con la muerte, y todo lo que le ocurre le recuerda esa
experiencia.
4.
Duelo ausente
Este tipo de duelo hace referencia
a cuando la persona niega que los
hechos hayan ocurrido. Por tanto, es la etapa de negación
de la que hemos hablado con anterioridad, en la que el individuo sigue evitando
la realidad pese a haber pasado mucho tiempo. Es decir, la persona ha quedado
estancada en esta fase porque no quiere hacer frente a la situación.
5.
Duelo retardado
Es similar al duelo normal, con la diferencia a que
su inicio se da al cabo de un tiempo. Suele
ser parte del duelo ausente, y también recibe el nombre de duelo congelado. Suele aparecer en personas que controlan sus emociones
en exceso y se muestran aparentemente fuertes. Por ejemplo, una persona que
tiene hijos y debe mostrarse entera.
El duelo retardado suele darse cuando la persona
que lo sufre, en un primer momento, debe
hacerse cargo de muchas cosas que requieren su atención inmediata, como por ejemplo el cuidado de una familia.
6.
Duelo inhibido
El duelo inhibido se produce
cuando hay una dificultad en la expresión de
los sentimientos, por lo que la persona evita el
dolor de la pérdida. Suele venir asociado a quejar somáticas. Las limitaciones
de la personalidad del individuo le impide llorar o expresar el duelo. A
diferencia del duelo ausente, no es un mecanismo de defensa.
7.
Duelo desautorizado
Este tipo de duelo ocurre cuando el entorno que rodea a la persona no acepta
el duelo de ésta. Por ejemplo, cuando transcurrido un
tiempo largo la familia le reprocha a la persona que siga en duelo. Ésta
reprime los sentimientos de cara a la familia, pero internamente no lo ha
superado.
Muchas veces, este tipo de duelo se da cuando la
persona que murió o se marchó para siempre llevaba asociado un estigma y se encontraba excluida, al menos para el
entorno cercano de la persona que lo sufre (por ejemplo, su familia). Expresar
duelo puede llegar a ser un acto simbólico que subvierta ciertas ideas
políticas y sociales. Por ejemplo, si la persona ausente era la pareja
homosexual de alguien y la familia no aprueba este tipo de relaciones.
8.
Duelo distorsionado
El duelo distorsionado se manifiesta como una fuerte reacción
desproporcionada en cuanto a la situación.
Suele ocurrir cuando la persona ya ha experimentado un duelo previo y se
encuentra ante una nueva situación de duelo.
Por ejemplo, puede haber
experimentado la muerte de un padre, y al morirse un tío, revive también la
muerte de su padre, lo que le lleva a una situación mucho más intensa, dolorosa
e incapacitante.
Referencias bibliográficas:
·
Equipo Vértice (2010). El duelo y la
atención funeraria. Editorial Verticebook.
·
Payás Puigarnau, Alba. Las tareas del
duelo. Psicoterapia de duelo desde un modelo integrativo-relacional. Madrid:
Paidós, 2010. ISBN 9788449324239.
·
Worden, William J. El tratamiento del
duelo: asesoramiento psicológico y terapia. Barcelona: Paidós, 2004.ISBN
9788449316562.
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