domingo, 17 de noviembre de 2019

Los amantes del tercer acto

Ella adoraba extrañarlo, de vez en cuando imaginarlo también. Hacia muchos años que él no solía aparecer por los rumbos de ella en donde solían caminar juntos, tomados de la mano, imaginando que con ese solo gesto hacían el amor. Caminaban erótica y erráticamente entre los jardines de un desértico parque silencioso.
El había olvidado su aroma y el sonido de su voz y su imagen delgada y con su vestido escotadon y sensual en su madurez.
Ella guardaba naftalina en su viejo ropero para evitar que las polillas se dieran un festín y fueran las únicas que disfrutaran de algo en aquella casona blanca y solitaria.
Había esperado tanto que su recuerdo estaba lleno de nostalgia y olvido.
El jugaba Alzheimer cuando se acordaba en donde estaba y recitaba silenciosamente los poemas españoles de su juventud. En aquella casona blanca en donde se resguardaba de sus viejos recuerdos que le atormentaban.
Ella jugaba a las escondidas, ocultándose de todo y de todos, hasta de su propia historia de olvidos y recuerdos de la infancia perdida.
El suponía que alguna vez estuvo casado al mirar un viejo anillo que urgaba entre las arrugas de sus artriticas falanges. Y solo imaginaba cómo sería aquella mujer enamorada de sus sueños.
Eran la pareja perfecta, del deposito de viejos, en donde años atrás los hubieran depositado en pisos diferentes pero con una sola historia de amor desde su olvido.
Plg

miércoles, 2 de octubre de 2019

Los Niños y el Divorcio


Los Niños y el Divorcio

Pablo L. García [1]

Hoy en día de cada dos matrimonies uno termina en divorcio y muchas de las parejas divorciadas tienen niños. Los padres que se están divorciando a menudo se preocupan acerca del efecto que el divorcio tendrá en sus hijos. Durante este período difícil, los padres puede que se preocupen por sus propios problemas, pero continúan siendo las personas más importantes en la vida de sus hijos.
Mientras los padres bien pueden sentirse o desconsolados o contentos por su divorcio, invariablemente los niños se sienten asustados y confundidos por la amenaza a su seguridad personal. Algunos padres se sienten tan heridos o abrumados por el divorcio que buscan la ayuda y el consuelo de sus hijos. El divorcio puede ser malinterpretado por los niños a no ser que los padres les digan lo que les está pasando, cómo les afecta a ellos y cuál será su suerte.
Los niños con frecuencia creen que son la causa del conflicto entre su padre y su madre. Muchos niños asumen la responsabilidad de reconciliar a sus padres y algunas veces se sacrifican a sí mismos en el proceso. En la pérdida traumática de uno o de ambos padres debido al divorcio, los niños pueden volverse vulnerables tanto a enfermedades físicas como mentales. Con mucho cuidado y atención, sin embargo, una familia puede hacer uso de su fortaleza o de sus factores positivos durante el divorcio, ayudando así a los niños a tratar de manera constructiva con la solución al conflicto de sus padres.
El hablarle a los niños acerca del divorcio es difícil. Los siguientes consejos pueden ayudar a los niños y a los padres con el reto y el estrés sobre estas conversaciones:

·            no lo mantenga en secreto o espere hasta el último momento
·            infórmeselo a su niño junto con cónyuge
·            mantenga las cosas de manera simple y directa
·            dígale que el divorcio no es culpa de él/ ella
·            admita que ello será penoso y desconcertante para todos
·            asegúrele a su niño que los dos todavía lo quieren y que siempre serán sus padres
·            no discuta con el niño las faltas y problemas de cada uno de ustedes






Los padres deben percatarse de las señales de estrés persistentes en su hijo o en sus hijos. Los niños pequeños pueden reaccionar al divorcio poniéndose más agresivos, rehusándose a cooperar o retrayéndose en sí mismos. Los niños mayores pueden sentir mucha tristeza o experimentar un sentimiento de pérdida. Los problemas de comportamiento son muy comunes entre estos niños y su trabajo en la escuela puede
afectarse negativamente. Ya sea como adolescentes o como adultos, los hijos de parejas divorciadas a menudo tienen problemas en sus relaciones y con su autoestima.

Los niños tendrán menos problemas si saben que su mamá y su papá continuarán actuando como padres y que ellos los seguirán ayudando aún cuando el matrimonio se termine y el padre y la madre no vivan juntos. Las disputas prolongadas acerca de la custodia de los hijos o la coerción a los niños para que se pongan de parte del papá o de la mamá les pueden hacer mucho daño a los hijos y pueden acrecentar el daño que les hace el divorcio. Las investigaciones demuestran que los niños se desarrollan mejor cuando los padres tienen la capacidad de cooperar para su bienestar.

La obligación continuada de los padres por lograr el bienestar de los hijos es vital. Si el niño muestra indicios de estrés, los padres deben consultar con su médico de familia o con su pediatra para que los refiera a un psicólogo de niños y adolescentes para que le haga una evaluación y les dé tratamiento.

Además, el psicólogo de niños y adolescentes puede reunirse con los padres para ayudarles a que aprendan qué hacer para que el estrés del divorcio sea más fácil para toda la familia. La psicoterapia para los niños de una pareja divorciada y para los padres divorciados  puede ser de gran beneficio.

Se ha convertido en mito el afirmar que todo niño que proviene de familias de padres divorciados no podrá ser exitoso en el desarrollo de sus relaciones sociales en su futuro, claro que le será difícil pero dependerá más de la forma en que sus padres podrán establecer un nuevo modelo de comunicación entre ellos y con sus hijos entendiendo que el divorcio separa necesariamente a los esposos pero no necesariamente a los padres aunque esto sea complejo de lograr pero es posible si comprenden que la figura parental no se pierde ni se debe de enfrentar cuando hay conflictos irreconciliables entre la pareja.

Para eso es importante el apoyo de un especialista en psicoterapia de pareja para que puedan construir ese modelo de comunicación de tolerancia y aceptación aun vivan separados del hogar filial.


[1] Psicólogo Clínico, Coordinador de Orientación Psicológica del Colegio Miraflofes León y psicoterapeuta gestalt de parejas y familias, Master en Orientación y Desarrollo Humano UIA (2008 revista de la Universidad Iberoamericana, CdMx)

La muerte del amor y la pareja


La Muerte del amor y la pareja
Pablo L. García


Trataré de analizar, muy brevemente, aquel “sentimiento de vacío” que queda tras la muerte de uno de los integrantes de la pareja.
Generalmente siempre tendemos a negar nuestra propia muerte, no nos ocupamos de ella hasta que nos parece inminente su acecho, pero que ocurre cuando no es la muerte de uno la que está en juego sino la de otro y no otro cualquiera sino aquel que llaman los psicoanalistas una verdadera figura significativa, alguien que forma parte de nosotros, alguien a quien; respetando nuestra individualidad; le pertenecemos y nos pertenece, alguien con quien decidimos conllevar este respetable juego que llamamos Vida.

            La teoría psicoanalítica nos dice que uno de nuestros primeros temores cuando somos niños es la pérdida del objeto o pérdida de la madre, que más tarde  pasa a ser el temor a la pérdida del amor del objeto[1]. Cuando somos adolescentes, al entablar relación con un compañero de otro sexo, lo que estamos haciendo es buscar una relación estable de objeto tal y como la teníamos en la primera etapa de nuestra vida, por esto es que muchas veces se busca como pareja a aquella persona que tenga características similares a las que tiene nuestra madre o padre. De hecho ese temor a la pérdida del objeto que tenemos en la etapa primera de la vida (1 a 2 años u Oral)  la seguimos llevando con nosotros a través de nuestra existencia al igual que el temor a la pérdida del amor del objeto de la etapa posterior, la anal (2-3 años).
Cuando un neonato pierde a su madre, se presentan en la mayoría de los casos figuras sustitutivas que de alguna manera permiten que el sujeto salga adelante pero en contraste con la etapa oral (1-2 años) el sujeto adulto tiene que ayudarse a sí mismo para elaborar la pérdida que acaba de sufrir.

            Parece que cuando la vida se comparte con una persona durante largo tiempo, cada una de las personas pierde un tanto su identidad individual para adquirir una nueva identidad como pareja[2] De hecho la identidad se adquiere como proceso formativo de modo que la identidad individual no se pierde sino que se fortalece a manera de identidad de pareja.
No debemos olvidarnos de que la pareja se encuentra formada por dos personas que poseen una individualidad muy particular cada uno, por tanto cada miembro de la pareja tiene que respetar esta individualidad.

            En muchas ocasiones el olvido de esta individualidad nos arrastra al egoísmo que se muestra muy claro en la frase “ojala que el destino me hubiera llevado a mí en vez de ella(él)”

Nos preocupa más el que se nos haya dejado solos, vacios, pero este egoísmo me parece casi imposible de alejarlo de nuestra mente. El duelo es más que nada un lamento porque el amor ha terminado.[3]

            La muerte quiebra esa identidad de la pareja como tal resquebrajada, ese mundo social y emocional al cual la persona se había acostumbrado tanto, deja al sobreviviente solo, vacío. Pero este dolor se incrementa ante la posibilidad de perder la propia identidad.
La muerte de la pareja significa la pérdida parcial del propio ser.

La persona que pierde al ser amado es vista, en algunas culturas, como objeto de censura y de mala suerte o pena como es el caso de los “agutainos” de las islas Filipinas:
“…una viuda no debe abandonar su choza durante los 7 u 8 días siguientes a la muerte de su esposo, y aún entonces solo podrá salir a una hora en la cual es probable que no encuentre a nadie, pues aquel que la mire morirá súbitamente. Para evitar tal catástrofe, al pasar, la viuda debe golpear los árboles avisando así a los demás de su proximidad; al poco tiempo, los árboles que haya golpeado morirán también.[4]

            De alguna manera, el miembro de la pareja sobreviviente al duelo por la pérdida del otro tiene el compromiso ante sí mismo, de salir adelante como una forma de respeto para la persona amada y así es como nosotros podremos aprender a morir.

Carlos Biro[5] nos dice: “Las características del adulto genuino, en un sentido psicológico y evolutivo es saber dar y saber soltar. Pero saber soltar implica aprender a aceptar que uno deja de ser necesario para la especie, que llega el momento en que uno es dispensable como individuo”. En pocas palabras, saber soltar significa: saber morir.

            En el conflicto que surge de la vivencia de la muerte del otro podemos encontrar una serie de mecanismos de defensa.
Igor Caruso menciona como mecanismos utilizados en el duelo:

a)La catástrofe del Yo.- En la separación se produce una muerte en la conciencia. De tal muerte surge la desesperación; dos personas estaban fundidas en una unión dual que solo tiene un modelo; la diada Madre-Hijo, la pérdida del objeto de amor, que al mismo tiempo es fuerte objeto de identificación, conduce a una mutilación del Yo por la pérdida de la identidad como pareja.

Para que la muerte en la conciencia no se convierta en aniquiladora de la conciencia (psicosis) y para que a la muerte en la conciencia no siga la extinción física (morir psicosomático o suicidio) inmediatamente se ponen en juego los mecanismos de defensa.

b) Agresividad.- Se manifiesta en la frase: “¿Cómo pudiste abandonarme?”. El compañero respondía a poderosas esperanzas del ideal del Yo, ahora debe ser desvalorizado para que el Yo, profundamente lesionado pueda reconciliarse con un ideal del Yo, sacudido y decepcionado, y le sea posible seguir viviendo. La agresividad permite una desidentificación con el objeto (el amor se transforma en odio)Como una especie de formación reactiva.

c) Indiferencia.- sintetizada en la frase: “Me importa un bledo” Es la expresión de una apariencia de protección y seguridad.

d) Huida hacia adelante.- La huida está determinada ante todo por el Superyo con miras a la conservación del Ideal del Yo y se manifiesta como huida en la actividad. Otra parte alternativa sería la huida en busca de placeres, sostenida por el ello. La libido busca nuevos objetos por lo que puede aparecer un mecanismo de desplazamiento.

            Paralelamente al planteamiento hecho por Caruso[6] parece coincidir otro hecho expresado por Elizabeth Kübler-Röss en 1975.
Kübler-Röss estableció cinco etapas por las que pasaban los pacientes moribundos que podían también analizarse como las reacciones emocionales específicas que poseen los sujetos que han experimentado la pérdida de un ser amado. Las etapas son:

1ª, NEGACIÓN.- (No, No es cierto que esto me este sucediendo a mi”)
2ª. RABIA y ENOJO.- “Porqué me sucede precisamente a mí y no a otro”
3ª. REGATEO.-  Prometiendo y Rogando a Dios
4ª. DEPRESIÓN.- Reactividad de las pérdidas y duelos
5ª. ACEPTACIÓN.- Realmente “estar listo” para recordar al ser amado sin dolor.

Para Kübler-Röss[7] lo importante es que la esperanza debe subsistir a través de las cinco etapas.

            Muchos autores han tratado de describir los sentimientos que se derivan de la pérdida del ser amado y de la muerte como fenómeno por el cual, sin excepción, pasamos todos. Pero en realidad muy pocos autores han sabido proyectar el sentimiento puro del vacío. (De hecho la palabra “viuda” proviene de otra palabra latina que significa vacio) y entre estos pocos autores se encuentran los novelistas y poetas.
Este es otro punto de vista que nos complementa nuestro absurdo conocimiento de la muerte.
Quitado de teorías, de conceptos psicoanalíticos, de palabras vanas, el escritor nos plantea un sentimiento sin mascaras académicas directamente sin intermediarios. Nos muestra una realidad muy particular pero muy clarificante y muy sencilla.

            Un ejemplo de esto  es el escritor uruguayo, recientemente fallecido,(2010) Mario Benedetti, el cual en su libro “La Tregua”[8] nos narra una relación de pareja “suigeneris” en donde la muerte lleva el papel protagónico dentro del desenlace.

Los personajes de Martín Santome, oficinista Montevideano de 50 años y Laura Avellaneda, de 24, nos expresan: “Decir murió viene de adentro, trae la verdadera respiración del dolor, es la desesperación, la nada.
La muerte del otro nos hace ver la inmunda soledad, lo que queda de la persona sobreviviente, que es bien poco.
            El que queda, tenía más de la otra persona que de sí mismo, como un río que se mezcla demasiado con el mar y al fín se vuelve salado como el mar. Como si lo despojaran de cuatro quintas partes de su ser. Ver muerta a la otra parte de la pareja es una indecorosa desventaja. “que yo la viera y ella no, que yo la tocara y ella no”
            Se tiene la seguridad de que entre los dos existe una comunicación pero no hay seguridad si la otra parte no existe.
            Benedetti describe ese sentimiento de vacio como el sentir que el corazón es una cosa enorme que empieza en el estómago y termina en la garganta. Este sentimiento está íntimamente ligado, como un hermano siamés, al sentimiento del amor, pero este sentimiento del amor no es más que una tregua entre la vida y la muerte.


[1] Sigmund Freud, TRES ENSAYOS PARA UNA TEORÍA SEXUAL
[2] Robert Fulton, Viudez en LA MUERTE Y EL MORIR, FEI 1991
[3] Lynn Caine, LA VIUDA en LA MUERTE Y EL MORIR, FEI 1997
[4] ibidem
[5] Biro Carlos, SANTIAGO UN CUENTO PEDAGÓGICO, Diogenes editorial
[6] Caruso, Igor, LA SEPARACIÓN DE LOS AMANTES,
[7] Kübler-Röss Elizabeth, LA MUERTE ESTADIO FINAL DEL DESARROLLO, Prentice Hall
[8] Benedetti Mario, LA TREGUA, alfaguara editorial

Tipos de Duelo - J. Armando Corbin

Agradezco a Juan Armando Corbin las aportaciones para poder entender los tipos de duelo existentes.


Los Ocho tipos de duelo y sus características
Juan Armando Corbin
Universidad de Buenos Aires,


El duelo es una de las experiencias más duras por las que puede pasar un ser humano a lo largo de su vida. Aunque muchas personas lo asocien a la muerte, este fenómeno también puede ocurrir cuando nos rompen el corazón o cuando perdemos un trabajo después de muchos años en el mismo puesto; se produce, en general, en las situaciones en las que ocurre algo que interpretamos como una pérdida.
Sin duda, superar el duelo es complicado, por lo que la persona debe ir pasando una serie de etapas para volver a estar bien. Es una experiencia muy dolorosa y cada individuo tiene una forma personal de vivirlo. Asimismo, existen varios tipos de duelo, por lo cual es complicado hablar de una secuencia de acciones a realizar para asimilar esta experiencia del mejor modo posible. En este artículo nos adentramos justamente en las diferentes clases de duelo y sus características.

Las 5 fases del duelo
A lo largo de los años, han ido apareciendo algunas teorías sobre las fases por las que pasa una persona que está en un periodo de duelo. Una de las más conocidas es la de psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross, publicada en el año 1969 en el libro "Sobre la muerte y el morir"
Su idea se basa en que existen 5 etapas de duelo. Ahora bien, estas cinco fases no siempre se van sucediendo con la misma colocación y de forma secuencial, es decir, no todas las personas en fase de duelo tienen por qué atravesar las 5 etapas. Además, cuando las atraviesan no tienen porqué aparecer siempre en el mismo orden.
Según la teoría de Elisabeth Kübler-Ross, las etapas del duelo son:

1. Negación
La primera de las fases es la negación, que se caracteriza porque la persona no acepta la realidad (de forma consciente o inconsciente). Esto ocurre como mecanismo de defensa y es perfectamente normal. De esta manera, el individuo reduce la ansiedad del momento.
El verdadero problema se da cuando las personas quedan estancadas en esta etapa al no poder afrontar el cambio traumático, así que lo ignoran como respuesta defensiva. La muerte de algún ser querido, por supuesto, no es particularmente fácil de evitar y no se puede eludir indefinidamente.

2. Cólera o ira
La tristeza puede llevar a una persona sufrir ira y rabia y a buscar culpables. Esta ira puede manifestarse de diferentes maneras, culpándose a uno mismo o culpando a los demás, y puede proyectarse contra animales y objetos.
3 - Negociación
En esta etapa, el dolor lleva a buscar una negociación ficticia. De hecho, muchas personas que se enfrentan a la muerte tratan de negociar incluso con una fuerza divina
Otras personas, aquellas que sufren un trauma menor, pueden llevar a cabo otras negociaciones o compromisos. Por ejemplo "¿Podemos seguir siendo amigos?" o “Voy a lograr esto por ti.” La negociación rara vez proporciona una solución sostenible, pero puede reducir el dolor del momento..

4 - Depresión
El impacto de la pérdida de alguien cercano puede llevar a una persona a una situación muy dolorosa, que viene acompañada de una enorme tristeza y una crisis existencial, al darse cuenta de que esa persona desaparece de su vida. Aunque los síntomas se asemejan al trastorno depresivo, una vez se produce la aceptación de la situación, la sintomatología remite.
·         Artículo relacionado: “Crisis existencial: cuando no encontramos sentido a nuestra vida
5 - Aceptación
Esta etapa sucede cuando se ha aceptado esta situación dolorosa y depende de los recursos de cada uno el aceptarla antes o después. No es una etapa que represente alegría, sino más bien desapego emocional y comprensión de lo que puede haber sucedido. Si la persona pasa mucho tiempo en proceso de duelo y no acepta la situación, es necesario que busque ayuda psicológica para superarlo.

Tipos de pérdidas
Puesto que la etapa de duelo no necesariamente tiene que ocurrir por la pérdida de un ser querido, antes de pasar a los tipos de duelo vamos a pasar a las diferentes clases de pérdidas que pueden ocurrir:
·         Pérdidas relacionales: Tienen que ver con las pérdidas de personas. Es decir, separaciones, divorcio, muerte de seres queridos, etc.
·         Pérdidas de capacidades: Ocurre cuando un individuo pierde capacidades físicas y/o mentales. Por ejemplo, por una amputación de un miembro.
·         Pérdidas materiales: Se da ante las pérdidas de objetos, posesiones y, en definitiva, pérdidas materiales.
·         Pérdidas evolutivas: Son los cambios de las etapas de la vida: vejez, jubilación, etc. No todo el mundo encaja igual esta situación.
No todas las pérdidas generan duelo, sin embargo, dependiendo de los recursos u otras variables psicológicas (como la autoestima o falta de habilidades sociales) de de cada uno, las pérdidas pueden provocar malestar y sufrimiento durante más o menos tiempo.

Tipos de duelo
¿Cuáles son los tipos de duelo que hay? A continuación puedes encontrar los diferentes tipos de duelo.
1. Duelo anticipado
El duelo anticipado es aquel que se da antes de que la muerte haya ocurrido. Es habitual cuando se diagnostica una enfermedad que no tiene cura. El proceso de duelo es el habitual, lo que la persona experimenta diversos sentimientos y emociones que anticipatorios que le prepararán emocional e intelectualmente para la inevitable pérdida.
El duelo anticipado es un proceso de duelo prolongado, no tan agudo como el resto, dado que cuando llega la muerte se suele experimentar, en parte, como algo que da calma.

2. Duelo sin resolver
El duelo sin resolver, como su nombre indica, significa que la fase de duelo sigue presente. Sin embargo, suele denominarse así al tipo de duelo que sucede cuando ha pasado cierto tiempo (entre 18 y 24 meses) y todavía no se ha superado.
3. Duelo crónico
El duelo crónico también es una clase de duelo sin resolver, que no remite con el paso del tiempo y que dura durante años. También se denomina duelo patológico o duelo complicado.
El duelo patológico puede darse cuando la persona es incapaz de dejar de revivir de forma detallada y vívida los sucesos relacionados con la muerte, y todo lo que le ocurre le recuerda esa experiencia.

4. Duelo ausente
Este tipo de duelo hace referencia a cuando la persona niega que los hechos hayan ocurrido. Por tanto, es la etapa de negación de la que hemos hablado con anterioridad, en la que el individuo sigue evitando la realidad pese a haber pasado mucho tiempo. Es decir, la persona ha quedado estancada en esta fase porque no quiere hacer frente a la situación.

5. Duelo retardado
Es similar al duelo normal, con la diferencia a que su inicio se da al cabo de un tiempo. Suele ser parte del duelo ausente, y también recibe el nombre de duelo congelado. Suele aparecer en personas que controlan sus emociones en exceso y se muestran aparentemente fuertes. Por ejemplo, una persona que tiene hijos y debe mostrarse entera.
El duelo retardado suele darse cuando la persona que lo sufre, en un primer momento, debe hacerse cargo de muchas cosas que requieren su atención inmediata, como por ejemplo el cuidado de una familia.

6. Duelo inhibido
El duelo inhibido se produce cuando hay una dificultad en la expresión de los sentimientos, por lo que la persona evita el dolor de la pérdida. Suele venir asociado a quejar somáticas. Las limitaciones de la personalidad del individuo le impide llorar o expresar el duelo. A diferencia del duelo ausente, no es un mecanismo de defensa.

7. Duelo desautorizado
Este tipo de duelo ocurre cuando el entorno que rodea a la persona no acepta el duelo de ésta. Por ejemplo, cuando transcurrido un tiempo largo la familia le reprocha a la persona que siga en duelo. Ésta reprime los sentimientos de cara a la familia, pero internamente no lo ha superado.
Muchas veces, este tipo de duelo se da cuando la persona que murió o se marchó para siempre llevaba asociado un estigma y se encontraba excluida, al menos para el entorno cercano de la persona que lo sufre (por ejemplo, su familia). Expresar duelo puede llegar a ser un acto simbólico que subvierta ciertas ideas políticas y sociales. Por ejemplo, si la persona ausente era la pareja homosexual de alguien y la familia no aprueba este tipo de relaciones.

8. Duelo distorsionado
El duelo distorsionado se manifiesta como una fuerte reacción desproporcionada en cuanto a la situación. Suele ocurrir cuando la persona ya ha experimentado un duelo previo y se encuentra ante una nueva situación de duelo. 
Por ejemplo, puede haber experimentado la muerte de un padre, y al morirse un tío, revive también la muerte de su padre, lo que le lleva a una situación mucho más intensa, dolorosa e incapacitante.

Referencias bibliográficas:
·         Equipo Vértice (2010). El duelo y la atención funeraria. Editorial Verticebook.
·         Payás Puigarnau, Alba. Las tareas del duelo. Psicoterapia de duelo desde un modelo integrativo-relacional. Madrid: Paidós, 2010. ISBN 9788449324239.
·         Worden, William J. El tratamiento del duelo: asesoramiento psicológico y terapia. Barcelona: Paidós, 2004.ISBN 9788449316562.