lunes, 28 de octubre de 2024

Fue en Bogota donde te vi

Hace tres años, en el primer piso de el Hospital de alta especialidad del imss, entre dos paros cardiorespiratorios y entradas gratis a terapia intensiva había pedido a mis hermanos que no le dijeran a mi Madre, que aún vivía, la gravedad de mi estado de salud. Mi garganta la habían cerrado y mi voz se había perdido junto con otras objetos como la esperanza.

Hacía algunos años cuando la visitaba en su casa de la ciudad de México, y la acompañaba a su templo. Siempre el recorrido obligado en la entrada eran los pequeños altares a diferentes personajes santificados. Ella me señalaba cada uno al que le tenía asignada una tarea especifica: cuidar de uno de sus hijos.

Para cada uno de ellos tenía un hijo asignado a la vez, después de recorrer las cinco imágenes de los "cuidadores" asignados a mis cinco hermanos, llegamos a una en especial con la cual me dijo: Hijo, este es el tuyo, a Él le pido siempre por mi pequeño hijo, en ese momento no causó más que una afirmación sin importancia.

Pero en esa cama de hospital sin sentido alguno de recuperación y con la vida sobre toda la incertidumbre que cabía en mi cuerpo, uno de mis "vecinos" de cama al ser dado de alta de su hospitalizacion, se acercó a mi y en sus manos una pequeña caja de cartón corrugado y estas palabras: Creo que traigo algo que le servirá mucho aun cuando me imagino que ud. no es muy catolico y en ese momento abrió la pequeña cajita y extrajo de ella una imagen...al verla tuve que impedir y retener todas las lágrimas que deseaban brotar de mis ojos y de mi recuerdo...era precisamente la imagen que mi Madre me tenía encomendado desde su infinita fe.
Al ver dicha imagen escuche una voz ensordecedora de Mamá que me decía: -
-Sé por lo que estas pasando y por ello te envio este regalo...

Desde ese entonces dicha imagen me persigue por donde voy y me alcanza a cada paso y en silencio.

Seis meses después de este episodio Mamá se despidió de mi y cerro sus ojos y su luz se extinguió para siempre para ir a donde debía ir.

Dos años más tarde me encontraba en la plaza central en Bogota, Col. y con la plaza abarrotada de turistas por el festejo de Colombia, se acerco a mi una señora entrada en años, pequeña de estatura con muchos rosarios en su mano y me dijo: tengo para usted uno especial y puso en mis manos un rosario de madera de plo de rosa. De inmediato busqué mi cartera para pagar dicho "souvenir" y al mismo tiempo preguntándole a la señora, cuánto es de el rosario? y al volver la vista hacia donde ella se encontraba, no encontré a nadie frente a mi, solo la muchedumbre, pero nadie con las características de esa dama. Al volver la vista en ese "regalo" en mis manos descubrí que al centro estaba de nuevo la imagen de este niño.....Me sigue enviando Mamá signos de amor desde donde esta.

domingo, 27 de octubre de 2024

Maria te llamabas

Te llamabas María y solo tenías catorce años pero tú clan te había marcado.
Te llamabas María y querías ser Madre y tenías como compañero un buen hombre, respetuoso y tierno.
Te dijeron que SI a tu maternidad pero NO a la forma linda de la pasión con la que te podrías fundir en un acto de amor con tu hombre para hacer del amor un hijo, un hijo de Dios.

Dios no te prohibió la pasión ni el erotismo en esa bendita unión fueron los hombres y las mujeres de tu clan y te inventaron un espíritu para darle sentido de santidad, sin saber que con ello, te coartaban tu femineidad y te la pintaron de blanco, eso sí, muy inmaculada 
Y tú hombre se quedó esperando con su amor despierto por ti como un Padre que no puede abrazar a su hija porque es pecado, como un amante que le han castrado el erotismo y su libertad sexual.
Solo tú, sabes que el Dios que pariste de tu vientre, era hijo natural de tu amado y que el amor apasionado y puro era lo que hacía bendito el fruto de tu útero, bendito entre todos los hombres, hijo de Eros.
Pablo Lorenzo García

Amante divina

Eres mujer para ser diosa, la misma diosa que te arrebato una costilla para que la artesana hiciera un hombre, por que alguién dijo que lo necesitabas, pero nunca te preguntaron.
Quizás estarias sola, pero estarias mejor, al fin que el dios de mi madre, siempre ha estado solo y sin embargo nunca lo he visto triste.
Alguien cambio la historia desde un ego masculino de un viejo blanco y con barbas y le arrebato la divinidad a Dios que no le importaba si era hombre o mujer, ella solo era Dios y eso era suficiente para amar y para bendecir y para mirarnos como una madre divina de siempre y para siempre.
Eres mujer para que no te falte nada, y menos un hombre que pretenda que tú, lo necesites, aquello que llamamos felicidad es un arte solitario de construir sonrisas solo para ti.
Pero si decides no estar sola, ahi está él, el amigo fiel que siempre sonrie silencioso con tu risa sin chiste necesario para hacerlo.
Ahi esta un amigo que no le caben etiquetas en el rostro para que le pongas nombre con el cual puedas comprobar que es tuyo!
El amor no es un acto de propiedad, el amor se hace por las mañanas entre dos seres que no solo dicen que se aman sino que guardan silencio entre sus brazos y sus piernas y su intimidad que se calienta tiernamente entre los dos. El amor se teje por las noches en una vulva fresca que recibe besos engarzados de sus labios.
Erótico es aquello que no tiene sexo, pero se hace apasionadamente con la sensualidad que descubres en los ojos de un espejo empañado y viejo. Sensual es el tejido que se hace entre unos labios que se han arrugado de tanto besar.
Femenino es un seno que alimenta y que de tanto amar alimentando le da cáncer y se oculta eternamente en el tiempo que no vuelve.
Amante no es solo la que ama, sino la que abraza y entrega sus brazos y los deja en el cuerpo de otro que también entrega y comparte sin quedarse nada para si misma.
Yo quiero ser viejo y decidir que quiero ser mujer cuando muera y tener los hijos que me regale el viento para regarlos con el agua de mi seno y que los mire dar frutos de las semillas que mi Madre me dejo al morir.
 Pablo Lorenzo García

viernes, 25 de octubre de 2024

Otros Muertos

Aunque no me veas y aunque no me alcance para descubrirte, ya que estas oculta ante mi y para mi, Sé de tus vínculos, sé de tus sueños...ayer supiste adivinar mi pecado secreto, el fín de mis anhelos...de pronto un silencio amargo interrumpió el lenguaje y trajo el recuerdo a la memoria, las calles sin sentido, los letreros que no me dicen nada, la muerte y la vida en el asfalto atropelladas...
Un domicilio perdido y yo no me he encontrado...estoy también perdido, aquellos muros blancos, aquellas batas blancas, aquella luz también blanca, hasta la oscuridad fue blanca...
De pronto un ataúd giratorio blanco y el cuerpo desnudo cadavérico dentro de él, la caja de muerto computarizada y giratoria, el poeta al teléfono, respondiendo a las preguntas de el interrogatorio, en la silla del acusado sin respuestas, solo imágenes dolorosas...
Un funeral al que no fue invitado nadie, nunca aparecí en el obituario de aquel día, en el velatorio una solitaria caja sin velas encendidas, nadie se enteró de que había muerto...
Poco a poco fueron llegando otros muertos, de otras salas, de otros velatorios, de otros cielos y otros infiernos.
¿Qué pasará cuando se enteren?, ¿quién les dirá que ha muerto el mendigo? ¿Quién le avisará a la princesa que el Rey ha muerto?
El Rey ha muerto!!! Viva el Rey!!
Pablo Lorenzo

Espérame por última vez

Espérame en tu llanto, dejame secarlo con un beso sobre tus ojos. Pero si es mi llanto el que me aturde y no descubro cómo secarlo, ya no tengo tus labios. 
Espérame que soy llanto y que cierro mis ojos para intentar construir un dique en mis ojos y en mi mirada que ya no te puede ver libre. 
Espérame antes de que partas lejos de mi, solo espérame para que te recuerde y dejes el olvido que duele entre mis manos que ya no te acarician nunca más.
Espérame un poco más antes de que otro te robe el alma y me la robe a mi también y te lleve lejos donde no te alcance y donde no me alcance la mirada a verte más.
Espérame por última vez antes de que la muerte me alcance para despedirme definitivamente y ni siquiera en día de muertos me permitiran venir a verte.
Pablo Lorenzo García

Nada me acerca más a ti

Sigo escribiéndote con tinta transparente de mis ojos y sigo honrandote con mi silencio que ensordece el alma.
Sigo desesperado ante tu partida que me ha cegado de verte a mi lado.
Nada me acerca más a ti que el olvido que me hace recordar tu ausencia.
No puse ofrenda de día de muertos porque no supe cómo ubicarme en el altar de difuntos de tu partida.
El papel picado quedó mojado de la tinta de tus versos que mis ojos escribían. Y no hubo pan de muerto de tanta sal que escapaba de él salero.
Pablo Lorenzo

En El Día de Muertos

En el Día de Muertos, flores de cempasúchil, Se despiertan las calacas en la noche serena, El altar se engalana, es un rincón sutil, Donde las almas queridas vuelven, sin pena.
Las velas parpadean en la brisa del otoño, Las ofrendas esperan con su aroma ancestral, Los rostros pintados, en un rito temprano, Recuerdan a los que amamos, en un acto esencial.
En este día sagrado, los recuerdos afloran, El pan de muerto dulce, el mezcal y el café, Se mezclan en el aire, las risas no se borran, Las historias compartidas nos vuelven a nacer.
En el camposanto, bajo el cielo estrellado, Las tumbas son altares que la tierra custodia, Los suspiros y cantos de un pueblo entregado, Tejen con hilos de amor una inmortal melodía.
Las mariposas monarca, almas errantes en vuelo, Llegan como mensajeras, un suspiro ancestral, Nos dicen que la muerte no es un fin, es un anhelo, Un ciclo eterno de amor, un lazo espiritual.
El Día de Muertos, con su simbolismo único, Nos recuerda que la vida es efímera y bella, Que el amor perdura, que el recuerdo es magnífico, Y que en la memoria eterna, nuestras almas destellan.
Así, en este día de colores y canciones, Celebramos la muerte con profundo respeto, Sabemos que la vida y la muerte son razones, Para amar, recordar y vivir con afecto.
Pablo Lorenzo García

Mi Viaje Hacia mi Muerte

Algo sentía en mis adentros, había un aroma putrefacto pero ajeno a mi. Era como si viajara en un túnel donde nadie me había avisado que entraría y entré. Fuera de mi estaba mi hija pequeña con el rostro entre la sorpresa y el pánico.
Escuchaba voces aceleradas y batas blancas tomando decisiones ajenas sobre mi vida y sobre mi muerte, pensaba: ¿Qué no pensarán tomarme en cuenta? ¡A fin de cuentas es mi vida! Pero era inútil parecia que no me escuchaban. Uno de esos hombres de blanco traía en sus manos un par de palas eléctricas dispuesto a aplicarlas sobre mi pecho, pero los demás dudaban, había mucha gente en ese espacio verde olivo, todas con cara de sorpresa tétrica.
Parece que por fin habían decidido algo en común, y entre dos grandes hombres me tomaron de los brazos y las piernas y me depositaron sobre una pequeña camilla dura y con rueditas, y comenzaron a correr conmigo encima. Yo lo escuchaba todo aún cuando no veía nada. Oia la prisa, la incertidumbre, el sobresalto, el miedo. Escuchaba la llegada del elevador y el girar de los baleros y ruedas de mi cama móvil bajando por ese elevador y escuchaba a los hombres de blanco gritarle a otros hombres de menor escala: ¡No dejes de presionar, sigue dando ritmo, fuerte! y unas grandes manos sometiendo mi pecho una y otra vez con un ritmo extraño.
De pronto se abrieron las puertas de ese elevador y salí corriendo, más bien rodando, empujado con gran fuerza por esos hombre de blanco que al mismo tiempo gritaban ¡Lo estamos perdiendo!
Se abrieron dos puertas corredizas y me volvieron a depositar en otra cama más grande llena de cables y máquinas perversas y ahora si el hombre de cabello blanco y bata blanca tomo aquellas paletas eléctricas y las empujo contra mi pecho gritando: ¡A un lado! y el resto se alejó dos pasos y senti un estruendo dentro de mi. Como si cayera en un abismo profundo lleno de luz y de oscuridad unidas en esa intensa incertidumbre de puente que me trasladaba a otro sitio sin dejar el lugar donde me encontraba.
De pronto me dí cuenta que estaba en dos sitios simultáneamente, en ese cuarto de cristal donde la gente de blanco entraba y salía corriendo, apresurada y nerviosa y al mismo tiempo estaba entrando a un espacio oscuro, lleno de vacío y una barandilla como de un juzgado que me separada de una juez linda y gentil que me recibía con una sonrisa de Monalisa sin Leonardo.
Al mismo tiempo sucedían esas dos historias, en tiempos unisonos, como dos universos paralelos que coexisten en el mismo y preciado tiempo, un kronos y un kayros unidos y distintos.
Mientras los de blanco de abajo me invadian de cables, de agujas, de venoclisis y me convertían en un ser eléctrico conectado a tanto aparato extraño se encontraba a mi lado, escuchando y sientiendo pitidos de luz que me convertían en una línea que ondulaba en una pantalla llena de números verdes y focos rojos. De pronto uno de los de blanco abriendo mi boca insertó un tubo delgado y transparente sobre mi garganta. Estaba siendo invadido por un pedazo de plástico que intentaba inflarme como un pequeño globo de cantoya y la señora de blanco me sellaba con cinta aquel tubo transparente para que no lo escupiera.
Me convertí en una especie de arbolito navideño en pleno julio, lleno de luces y adornos conectados a mi piel.
Hubiera podido llorar si la conciencia me alcanzara pero primero tenía que saber que parte de aquella realidad era mentira y que parte de aquella mentira era real.
Del otro lado del cristal descubrí a mis hijas esperando, esperanzadas y quise pedirles que cruzaran el umbral del espacio entre los cristales donde seguían entrando y saliendo los hombres y las mujeres de blanco con espanto, asombro y sorpresa, llenas de cosas extrañas en sus manos y con disfraces de verde hasta en sus rostros.
¡Hijas, por favor vengan conmigo! ¡Las necesito aquí a mi lado! y ellas respondían:
¡No podemos Papa!, ¡No podemos!
y Yo insistía una y otra vez que entraran, que las necesitaba
¡No podemos Papá!, ¡No podemos simplemente porque te has ido!, ¡Estás Muerto!
De pronto una realidad fantasmagórica y abrumadora se apropió de mi ser y me dí cuenta que estaba trascendiendo sobre un puente complejo que me alejaba de aquel espacio que había llamado: Vida
En el otro universo paralelo, el otro Pablo estaba enfrentando un juicio, un juicio extraño en un juzgado oscuro con la más extraña juez que no me estaba juzgando, solo me cuestionaba ¿qué es lo que querría?
El universo del juzgado era extraño por que no sabía lo que deseaba, quizás por que no alcanzaba a descubrir los significados de aquel sitio legal y ¿quién era aquella juez amable que me recibía?
Como les había narrado, estos dos universos distintos y que se confrontaban coexistían simultáneamente entre si y yo así lo sentía, querría decir ¡Vivía! pero no sería el adjetivo correcto para dicha experiencia.
Aquella juez seguía insistiendo en preguntar ¿qué es lo que yo deseaba? y no podía responder ya que no tenía respuesta alguna sino un millón de dudas coexistiendo dentro de mi. Aquella juez solo acertó a decirme si deseaba ya quedarme ahi "definittvamete".
Ese concepto de "definitivo" me retumbaba en mi conciencia de paso, yo creía que estaba de paso por aquel lugar de juicio. me dí cuenta que aquello que llamamos muerte es el único sitio definitivo con el que los humanos podemos contar. Y para esa definición no estaba preparado. Como si exigiera un espejo para reflejarme y observar mi reflejo en aquel universo lejano y tenia miedo de que solo se reflejara una imagen catrina de José Guadalupe Posadas en dia de muertos.
Mientras tanto en el otro universo de abajo, digo abajo, por diferenciar los sitios universales, uno sobre el otro. En ese universo inferior seguía ese cuerpo conectado eléctricamente e intubado para quizás seguir inflando aquel globo de piel que era yo y mis pulmones o lo que quedaban de ellos.
La mujer de blanco que se había quedado a mi lado no dejaba de mirar todas las pantallas que me rodeaban con indicadores luminosos que quizás algo decían para que aquella mujer entendiera ese universo extraño que llamamos Vida y sus signos vitales. Los demás hombres de blanco ya no estaban, solo había un silencio entrecortado por los "Bips" de las pantallas y sus lineas oblícuas.
De pronto entaron mis hijas ahora si frente a mi, sin saber que yo las escuchaba aunque no podía verlas. Pero les sentía la tristeza que inundaba toda la habitación de cristal y solo alcanzaban a murmurar: ¡Dios, si Papá está sufriendo mejor llévatelo contigo, no deseamos que sufra! Y yo me daba cuenta como si pusieran un espejo de dolor frente a mi pero me alcanzara a dar cuenta de ese mi dolor y aquello me llenaba de dudas. ¿Debía decidir marcharme ya? ¿quién lo tendría que decidir?
Inmediatamente después del mismo modo entrarían algunos de mis hermanos que veían frente a si a su hermano menor conectado y moribundo sin haberlo esperado siquiera por una sospechosa enfermedad que me aquejara. Descubrir su tristeza me daba pena, me ponía triste como si me contagiaran de su tristeza melancólica y sorpresiva.
Y ellos repetirían la misma frase que mis hijas habían expresado, ¡Que no sufriera!
Una pequeña eternidad estaba viviendo o experimentando en mi reloj de vida, en ese reloj marcaban quince días transcurridos y en el universo paralelo superior solo habian pasado unos pocos segundos, por darle alguna denominación temporal que arriba no existe.
CONTINUARA!
Pablo Lorenzo García

Mi Día de Muertos

EL MUERTO

Soy el muerto que dieron de alta del infierno…
Soy el muerto, que “vive” en la caverna del hermitaño, justo detrás del purgatorio inexistente.

Soy un muerto que respira con un solo pulmón inflable, hecho en China, pero eso sí…me alcanza para suspirar…

Soy ese muerto, que se muere de risa, que dejo de “ser mortal” para morirse…
Soy un muerto que muere cada día, constantemente me renuevo y vuelvo a morir…”solo por hoy”

Soy un muerto enamorado de la vida, paradoja convertida en mi camino.
Soy un adicto a mi muerte que he incorporado a la vida, muero en la cima mirando el crepúsculo vespertino hasta que mi novia luna, acepte convertirse en la señora de mi…muerte.

Muerto si…pero absurdamente enamorado de mi vida…que no alcanzo a distinguir entre mis dedos, la vida es como el agua que se escapa y no la podemos retener y se evapora.

Soy presidente honorario de “M.A.” (moribundos anónimos), desde que morí y cada noche en las reuniones de la logia, me paro al frente de mis compañeros detrás del ambón y dirijo las palabras acostumbradas al inicio de las reuniones: “Soy Pablito…y estoy muerto”, y después de las reuniones, disfrutamos de las viandas que nos envían de los altares…de muerto.
Y sesionamos todas las noches en el “Mictlán” un bar muy céntrico donde se sirve, ponche de granada, pulque de tuna y coco, tepache y tuba (de Colima)

Hay muertos gordos de huesos anchos y hay muertos anoréxicos y hasta bulímicos hay muertos sin dientes, pero muy risueños. Hay muertos doctores y hasta licenciados. 

Yo soy un muerto típico…un típico muerto, pero eso si…un muerto que ama, un muerto que palpita, que vibra amenazante, o tal vez…un muerto que espera…
Pablito