La vejez no se mide con el tiempo que no registra un reloj ni se determina con ausencias en la salud y el metabolismo.
La vejez se muestra con un antes y un después que la vista, el oído o las piernas nos avisan sin señal previa alguna.
La vejez nos toma siempre distraídos, y nos dibuja unas hebras de plata en el cabello haciéndonos ver más "interesantes" o bien nos hace necesarios unos anteojos para la "vida cansada" o unos "dientes bifocales"
Nos llega con una bufanda en el cuello y una reuma en las rodillas cansadas.
La vejez es un equipaje pesado que se va acumulando con el andar en el camino recorrido por la vida.
Y cuando uno menos se imagina, nos marca una pausa generosa y duradera que se llama Morir.
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