Es difícil extrañarte y saber que tuve que ayudarte a cruzar el umbral de la muerte donde ni siquiera podías sostenerte en pie y tu mirada triste me pedía a ladridos silenciosos qué te dejara ir, que tu subiera al puente y te ayudará a cruzarlo de una buena vez por todas.
Quizás me tarde en entender el lenguaje de tus ojos para decidir juntos la Eutanasia que te liberará de tu dolor que pesa como el plomo.
Tantas historias, tantos recuerdos que me llenan de nostalgia canina de tu elección de perderte frente a mi puerta aquella noche de lluvia y pedir asilo en mi jardín. Ojalá hubiera sabido que tu fuiste quien me recibió en su alma y en su vida.
Toca separarnos y recorrer caminos distintos pero sabes? Ahora entiendo que tu presencia en mi hogar fue la bendita tregua de mi soledad para aprender a mirar desde tu mirada y conocer como puede un alma callejera transformarse en luz la misma luz tuya que hoy me deja en la oscuridad de nuevo.
Comienzo a extrañarte cuando cruzó el patio y busco las croquetas que alimentaba tu vejez y el agua de tu balde mientras descubro tu ausencia silenciosa.
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