Ser mujer, es más, mucho más que ser Madre, hija, hermana, esposa y compañera. Ser mujer es ser la Diosa que siempre creímos que era hombre y le pusimos barbas blancas y un patriarcado judío y un hijo maravilloso al que le crucificamos.
Ser mujer es tener el alma amorosa en su intimidad vibrante como el corazón que late como vulva y que recibe amorosamente y no invade penetrante y dominante.
Ser mujer es mirar la vida desde la creación cuando la abrazas salida de tu intimidad divina, y te mira, solo esa criatura, solo para adorarte con una sola palabra bisilábica Mamá.
Ser mujer es vibrar sin miedo a la muerte, es la piel de la más dulce puta que enamoró hasta el hijo de Dios y lo abrazo con sus brazos en un amasiato de mujer divina.
Ser mujer es la sabiduría femenina de un clítoris que sabe llenar de energía vital hasta la propia vida.
Una mujer es el secreto de un Dios que no se nos ha rebelado para descubrir desde la divina blasfemia que Dios siempre ha sido mujer y desde siempre... La Madre divina.
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