Nuestro silencio es un pacto que grita el amor y la pasión con la que amamos, es la traducción de un nuevo lenguaje de los enamorados que se esconden detrás de frases simples pero contundentes.
Te digo “te amo” cuando te miro, cuando menciono tu nombre, cuando te tomo de la mano y son mis manos quienes te nombran al tocarse entre sus palmas, entre sus líneas.
Existen tantas cosas que no decimos, en este lenguaje subversivo y oculto, el lenguaje del café y la nieve entre el mensaje de búsqueda de mi parte y tu respuesta de aceptación y picardia en tu rostro.
Y todo desde la ilusión, desde la fantasía, desde la irrealidad. Quiero aprender a amarte, pero te necesito cuando tú no estás.
Somos tú y yo, amantes en secreto, que aún no sabemos que lo somos.
Tu mano beso mi mano sin rozarla siquiera.
Tu boca tomo mi boca por asalto y mi boca ingenua, igual que la tuya, ni se ha enterado.
Tu piel ilumino mi piel, sentí el calor de tu frio, tu risa beso mis labios, desde mis oídos, tu ternura acarició mis ojos…
Hemos hecho el amor cuando tomamos café y hablamos de un curso de milagros.
Nos hemos encontrado desnudos cuando dos tazas de café separan tus labios de los míos.
Es tan corto el tiempo y tan largo el olvido…
“te traje este libro” y me diste un beso que nunca llegó,
“justo el que deseaba” y te abrace con mi mirada.
Lenguaje que se esconde tras un saludo, palabras silentes guardadas como un separador de un libro de veinte poemas de amor y un canción desesperada.
Pablito
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