sábado, 4 de mayo de 2024

nuevo Lenguaje

Este NUEVO LENGUAJE 

Nuestro silencio es un pacto que grita el amor y la pasión con la que amamos, es la traducción de un nuevo lenguaje de los enamorados que se esconden detrás de frases simples pero contundentes.

Te digo “te amo” cuando te miro, cuando menciono tu nombre, cuando te tomo de la mano y son mis manos quienes te nombran al tocarse entre sus palmas, entre sus líneas.

Existen tantas cosas que no decimos, en este lenguaje subversivo y oculto, el lenguaje del café y la nieve entre el mensaje de búsqueda de mi parte y tu respuesta de aceptación y picardia en tu rostro.

Y todo desde la ilusión, desde la fantasía, desde la irrealidad. Quiero aprender a amarte, pero te necesito cuando tú no estás.

Somos tú y yo, amantes en secreto, que aún no sabemos que lo somos.

Tu mano beso mi mano sin rozarla siquiera.
Tu boca tomo mi boca por asalto y mi boca ingenua, igual que la tuya, ni se ha enterado.

Tu piel ilumino mi piel, sentí el calor de tu frio, tu risa beso mis labios, desde mis oídos, tu ternura acarició mis ojos…

Hemos hecho el amor cuando tomamos café y hablamos de un curso de milagros.
Nos hemos encontrado desnudos cuando dos tazas de café separan tus labios de los míos.
Es tan corto el tiempo y tan largo el olvido…

“te traje este libro” y me diste un beso que nunca llegó,
“justo el que deseaba” y te abrace con mi mirada.

Lenguaje que se esconde tras un saludo, palabras silentes guardadas como un separador de un libro de veinte poemas de amor y un canción desesperada.
Pablito

Fleman el héroe que moría

Yo estaba enfermo del pulmón por lo tanto tenía que escupir. Con una actitud estóica digna del mejor de lo enfermos flemáticos, me guardaba en mis adentros bronquiales, las palabras que mi garganta y sus cuerdas vocales se tragaban ante la absurda posibilidad de escupirlos letra por letra.

De pronto me empezaron a temblar las piernas y eche saliva en el grano de puntería. Era lo menos que podía intentar al darle rienda suelta a la expulsión de flema que asqueaba hasta el más resistente asqueroso que viviera en un nosocomio como en el que aún habitaba.
Y aquella imagen que había creado de mis pulmones era el regalo que mi madre me tenía preparado como el envoltorio mágico de enfisema crónico y E.P.O.C. escondido en lo profundo de mis bolsas respitarorias.

De tanto en tanto odiaba todo lo que era sano, pero ese odio se extinguió pronto porque aquí no tenía alimento, aquí todo estaba enfermo, separado de la vida, excluido, concentrado en la muerte.
La muerte mía tan anhelada, tan querida, que me excluía de las puertas de un infierno Dantesco solamente imaginado por mi y por Virgilio y su Divina Comedia. 
La muerte disfrazada de áquila maternal y protectora de derechohabientes todos pintados de verde bandera en una institución fría, pulcra, solemne, burocrática.
La enfermedad, la mía, era una tos inexpresiva que con cada expulsión manifestaba el silente desacuerdo del olvido al que había sido condenado en el purgatorio de la soledad y el abandono de la luz que nunca llega ni llegará.
Era absolutamente un juego de azar, no había posibilidad de hacer trampas. Saldré pronto, saldré sano...no saldré.

Pablo Lorenzo García 
inspirado en un texto de Thomas Bernhard