*El Espacio Sagrado*
De locura en locura me fui apartando de ti. Fue un cierre sutil donde una puerta sin cerradura se fue cerrando poco a poco.
Tanto estudio y tanta academia para que una puerta fuera la mejor terapeuta, la que daba cuenta a los pacientes de cuidar aquello que es sagrado, su propio interior que deberían cuidar como si fuera lo último que les quedaba en la vida.
El picaporte solo abría de un lado y del otro requería forzosamente de una llave secreta que se nos habpia entregado cuando se nos abrio el espacio de nuestro ser.
Cuando la puerta se cierra nadie puede entrar a nuestro espacio sagrado a menos de que le hallamos entregado la dichosa llave lo cual sería grave por que permitiríamos a cualquiera vulnerar nuestro sagrado espacio.
Del lado exterior hay alguien que quiere invadir nuestro interior y toca la puerta duramente y con fuerza sin la minima intención de solicitar permiso de invadir ¡Abre la puerta! ¡Te lo exijo! nos dice con voz intensa y demandante y a veces los que estamos dentro, tímidamente inseguros no nos atrevemos a impedir su entrada y abrimos sin darnos cuenta que permitimos romper el sitio sagrado de nuestra propia intimidad divina.
¿A quién le has dado las llaves de tu espacio divinamente sagrado? ¿A quién le has abierto las puertas del templo de tu intimidad?
Tu espacio donde vives, donde radicas es y será sagrado y es tu deber sagrado cuidarlo y protejerlo de cualquier invasor que intente quebrantar la sacrosanta intimidad de tu ser.
Permitimos que palabras soeces, actitudes prosaicas, gritos agresivos intimidantes rompan de una sola vez tu ser y este quede manchado irremediablemente sucio por un largo periodo de incertidumbre y oscuridad.
Tú eres el guardián de tu ser y de tu espacio sagrado, solo tú eres el velador de tus sagrados sueños diurnos y nocturnos, cuida que nada ni nadie, apague la luz de la sacralidad del camino en el que has de transitar por una sola efímera eternidad que es solo tuya.
Pablo Lorenzo García

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