miércoles, 16 de noviembre de 2022

Mi Cáncer Suicida


 Mi Cáncer era un sueño y me asustaba despertar en él y verme moribundo. Todos nos habiámos acostumbrado a asustarnos de tan solo mirarnos dentro de un diabólico diagnóstico médico que nos dijera: ¡"Usted tiene un tumor maligno en tercer grado"! eso dicho hasta románticamente sonaria mortal.

Siempre habiamos sabido que Cáncer era sinonimo de Muerte, ni siquiera sabiamos que significaba pero sonaban igual de trágicos, igual de terribles. Tan solo de imaginarme una sola célula cancerígena era como si mi nombre apareciera en el obituario de la próxima semana.

Yo no tenía cáncer pero debía enseñarles a cientos de personas a vivir con él y me subí al escenario y me disfrace de paciente sarcoma y a veces mi representación histriónica era majestuosa y hasta parecía morirme en el escenario desnudo y frio.

Descrubrí que el cáncer era solo un personaje, un viejo cangrejo que no podía caminar avanzando más bien lo hacía lado a lado pero podía avanzar aunque fuera poco a poco. Con mis tenazas afianzaba firmemente aquello que necesitaba no soltar. Mi personaje me pedía dialogar para descubrir que podiamos hacer juntos, dejaba de ser una tragedia de la cual me tendría que morir convirtiéndose en una maravillosa "lección" de vida y no de muerte.

Aprendí de cientos de pacientes; que ellos si padecían cáncer; que un buen diálogo con el cangrejo me podía permitir elegir vivir o agradecer morir y dejar de sufrir. Inclusive aprendi que ellos, los pacientes no estaban enfermos, solo tenían cáncer, y lejos de ser un terrible sarcasmo o burla dolorosa, era la metáfora más maravillosa que podían vivir mientras recibían su innecesaria quimio.

Aprendí también que la muerte es la mejor oportunidad de amar la vida. La muerte y el morir es una oportunidad de realización para liberarse y liberar en aquello que nos muestra lo definitivo de vivir en un juego sin retorno que llamamos VIDA.

 

¿Cuántas veces he visto morir?, ¿Cuántas lecciones he aprendido en niños pequeños que tienen un destino único en morir de cáncer? y ninguno de ellos le he visto sufrir, hasta rien y saltan de su cama hospitalaria con todo y una cánula y cateter fragil listo a romperse pero su actitud jamás se rompe.
He visto cientos de personajes en cientos de representaciones en escenarios mortuorios hermosamente decorados de colores vivos, todos ellos dispuestos a morir y niguno de ellos se le llamo "suicida"
Suicida no es el personaje que se lanza al vacío con un arma en la sien, una cuerda en el cuello o un ciento de pastillas en la garganta listas para deglutir. Suicida es el hombre que decide llenarse de miedo para vivir y se oculta detrás de un closet donde bebe, se droga y camina hacia atrás perdiendo el tiempo que le queda por vivir.
El cáncer no es un disfraz para los suicidas, es una máscara para los valientes que se disfrazan de guerreros sin ninguna guerra pero con cientos de batallas hermosas por recorrer y que al morir vencen la última batalla por librar y se bajan definitivamente del escenario donde libraron la última representación en el tren donde viajaban al llegar definitvamente al último destino.

Pablo Lorenzo García


martes, 8 de noviembre de 2022

El Espacio Sagrado

 

*El Espacio Sagrado*
De locura en locura me fui apartando de ti. Fue un cierre sutil donde una puerta sin cerradura se fue cerrando poco a poco.
Tanto estudio y tanta academia para que una puerta fuera la mejor terapeuta, la que daba cuenta a los pacientes de cuidar aquello que es sagrado, su propio interior que deberían cuidar como si fuera lo último que les quedaba en la vida.
 
El picaporte solo abría de un lado y del otro requería forzosamente de una llave secreta que se nos habpia entregado cuando se nos abrio el espacio de nuestro ser.
Cuando la puerta se cierra nadie puede entrar a nuestro espacio sagrado a menos de que le hallamos entregado la dichosa llave lo cual sería grave por que permitiríamos a cualquiera vulnerar nuestro sagrado espacio.
 
Del lado exterior hay alguien que quiere invadir nuestro interior y toca la puerta duramente y con fuerza sin la minima intención de solicitar permiso de invadir ¡Abre la puerta! ¡Te lo exijo! nos dice con voz intensa y demandante y a veces los que estamos dentro, tímidamente inseguros no nos atrevemos a impedir su entrada y abrimos sin darnos cuenta que permitimos romper el sitio sagrado de nuestra propia intimidad divina.
¿A quién le has dado las llaves de tu espacio divinamente sagrado? ¿A quién le has abierto las puertas del templo de tu intimidad? 

 
Tu espacio donde vives, donde radicas es y será sagrado y es tu deber sagrado cuidarlo y protejerlo de cualquier invasor que intente quebrantar la sacrosanta intimidad de tu ser.
Permitimos que palabras soeces, actitudes prosaicas, gritos agresivos intimidantes rompan de una sola vez tu ser y este quede manchado irremediablemente sucio por un largo periodo de incertidumbre y oscuridad.
Tú eres el guardián de tu ser y de tu espacio sagrado, solo tú eres el velador de tus sagrados sueños diurnos y nocturnos, cuida que nada ni nadie, apague la luz de la sacralidad del camino en el que has de transitar por una sola efímera eternidad que es solo tuya.
Pablo Lorenzo García
0 comentarios



Un Ángel entre Tú y Yo

 

El ángel entre tú y yo 


 

La puerta del consultorio era estrecha, como estrecha tu sensación de vacío al llegar a él…era tu última oportunidad de sanación de aquello que te impedía pasar tu historia por tu garganta…

Una mujer desesperada con su delgadez, desesperada con el “no saber” lo que ocurría en su cuerpo y en su espíritu…

No era solo el agua que impedías entrar en tu garganta, no era solo la luz oscura que te arrastraba en la noche…no era tu viudez de juventud, la novatada que te jugó la vida a temprana edad.

Semana tras semana, salías de aquel espacio por aquella puerta, molesta contigo y con el verdugo que te arrancaba de tu lontananza en donde te dejaba aislada.

Aquella búsqueda impetuosa de aquello que, sin saberlo, deseabas recuperar.

En la profundidad y en la superficie se convocaban las respuestas, las lágrimas sutiles y los gritos ahogados de tu silencio, tu coraje y tu esperanza te llevaba y te traía, te expulsaba y te regresaba siempre sola, siempre contigo.

Hasta que un día, un buen día, el verdugo se transformó en ángel ante tus ojos, tus ojos de ceguera abiertos ante la silenciosa oscuridad.

Y te fuiste rescatando poco a poco, sin darte bien cuenta de lo que sucedía en tu garganta y tu piel.

Y esa mujer de frágil figura y “alma dura”, se transformó en acero, en hoja de espada afilada por los años…en águila altiva que surca el viento con sus alas abiertas por su historia, que aprendió a volar volando…que aprendió a “soñar despierta y despertando”.

Y volando alto escapaste de tu encierro de cambio y un nuevo cielo te recibió renovada, sin nubes de miedo y tormenta.

Pasaron más los días y las semanas, en el viejo reloj de aquel verdugo, hasta que un día, lo encerraron entre paredes de cristal y cama de hospital, sin derecho a conciencia alguna de su estado de encierro.

Y en esa misma celda, un ángel-águila se posó frente a él de visita, contra toda su ansiosa resistencia de verse hospital visita… Reconoció a su verdugo que a golpes de badajo la despertara de su letargo inconsciente, y quién le diría que ahora aquel verdugo era esa figura frágil y endeble, cristal quebrado de duro bronce.

El ángel y el águila-mujer eran una misma persona, que se iba acercando paso a paso a la cabecera de la cama, con una sola fe, una sola intención, “salvar y pedir salvarlo”.

” ¡Salva a este verdugo de su castigo interno” ¡, ¡salva al ángel que me enseñó a volar sobre mis propias alas!  ¡sálvalo Señor! Fueron sus plegarias, su amorosa intención salvadora.

Y como la medicina que dicta la receta divina…deposito en su mejilla un frágil beso, envuelto en una lágrima.

El verdugo durmiente nunca se percató de aquella sensación de humedad en su mejilla y de sequedad en su espíritu.

Pero la medicina surtió rápido efecto aun cuando el verdugo nunca supo quién llevara aquel brebaje mágico y divino.

Sin embargo, al despertar, la imagen del ángel siguió frente a todas las camas donde el verdugo habitara, disfrazada de mujer, de compañera, de amiga.

Un ángel que visitaba otro ángel, un ángel que tiempo atrás era reflejo del espejo, todo quedaría entre alas de un mismo ser alado y divino.

Entre los dos, ángeles cubiertos de alas, ángeles custodios de su encierro, ángeles liberadores de su silencio, ángeles de luz de una oscuridad eterna.

Y cuando al fin salí, me di cuenta de que fui el verdugo que al despertar, sin fuerzas, te descubrí en la distancia, pero creí verte ángel, creí sentirte en la piel…y mientras abría mis alas, tú también volabas.

Soñé que eras tú mientras yo volaba, soñé que era yo mientras tú dormías…Soñé que eras mi sueño, mientras me despertaba…

Fuimos el mismo ángel, solo un espejo nos separaba

Pablo Lorenzo García



sábado, 5 de noviembre de 2022

Cuando decidí morir y desperté

 Algo sentía en mis adentros, había un aroma putrefacto pero ajeno a mi. Era como si viajara en un túnel donde nadie me había avisado que entraría y entré. Fuera de mi estaba mi hija pequeña con el rostro entre la sorpresa y el pánico. 

Escuchaba voces aceleradas y batas blancas tomando decisiones ajenas sobre mi vida y sobre mi muerte, pensaba: ¿Qué no pensarán tomarme en cuenta? ¡A fin de cuentas es mi vida! Pero era inútil parecia que no me escuchaban. Uno de esos hombres de blanco traía en sus manos un par de palas eléctricas dispuesto a aplicarlas sobre mi pecho, pero los demás dudaban, había mucha gente en ese espacio verde olivo, todas con cara de sorpresa tétrica. 

Parece que por fin habían decidido algo en común, y entre dos grandes hombres me tomaron de los brazos y las piernas y me depositaron sobre una pequeña camilla dura y con rueditas, y comenzaron a correr conmigo encima. Yo lo escuchaba todo aún cuando no veía nada. Oia la prisa, la incertidumbre, el sobresalto, el miedo. Escuchaba la llegada del elevador y el girar de los baleros y ruedas de mi cama móvil bajando por ese elevador y escuchaba a los hombres de blanco gritarle a otros hombres de menor escala: ¡No dejes de presionar, sigue dando ritmo, fuerte! y unas grandes manos sometiendo mi pecho una y otra vez con un ritmo extraño.

De pronto se abrieron las puertas de ese elevador y salí corriendo, más bien rodando, empujado con gran fuerza por esos hombre de blanco que al mismo tiempo gritaban ¡Lo estamos perdiendo!

Se abrieron dos puertas corredizas y me volvieron a depositar en otra cama más grande llena de cables y máquinas perversas y ahora si el hombre de cabello blanco y bata blanca tomo aquellas paletas eléctricas y las empujo contra mi pecho gritando: ¡A un lado! y el resto se alejó dos pasos y senti un estruendo dentro de mi. Como si cayera en un abismo profundo lleno de luz y de oscuridad unidas en esa intensa incertidumbre de puente que me trasladaba a otro sitio sin dejar el lugar donde me encontraba.

De pronto me dí cuenta que estaba en dos sitios simultáneamente, en ese cuarto de cristal donde la gente de blanco entraba y salía corriendo, apresurada y nerviosa y al mismo tiempo estaba entrando a un espacio oscuro, lleno de vacío y una barandilla como de un juzgado que me separada de una juez linda y gentil que me recibía con una sonrisa de Monalisa sin Leonardo.

Al mismo tiempo sucedían esas dos historias, en tiempos unisonos, como dos universos paralelos que coexisten en el mismo y preciado tiempo, un kronos y un kayros unidos y distintos.

Mientras los de blanco de abajo me invadian de cables, de agujas, de venoclisis y me convertían en un ser eléctrico conectado a tanto aparato extraño se encontraba a mi lado, escuchando y sientiendo pitidos de luz que me convertían en una línea que ondulaba en una pantalla llena de números verdes y focos rojos. De pronto uno de los de blanco abriendo mi boca insertó un tubo delgado y transparente sobre mi garganta. Estaba siendo invadido por un pedazo de plástico que intentaba inflarme como un pequeño globo de cantoya y la señora de blanco me sellaba con cinta aquel tubo transparente para que no lo escupiera.

Me convertí en una especie de arbolito navideño en pleno julio, lleno de luces y adornos conectados a mi piel. 

Hubiera podido llorar si la conciencia me alcanzara pero primero tenía que saber que parte de aquella realidad era mentira y que parte de aquella mentira era real.

Del otro lado del cristal descubrí a mis hijas esperando, esperanzadas y quise pedirles que cruzaran el umbral del espacio entre los cristales donde seguían entrando y saliendo los hombres y las mujeres de blanco con espanto, asombro y sorpresa, llenas de cosas extrañas en sus manos y con disfraces de verde hasta en sus rostros.

¡Hijas, por favor vengan conmigo! ¡Las necesito aquí a mi lado! y ellas respondían:

¡No podemos Papa!, ¡No podemos!

y Yo insistía una y otra vez que entraran, que las necesitaba

¡No podemos Papá!, ¡No podemos simplemente porque te has ido!, ¡Estás Muerto!

De pronto una realidad fantasmagórica y abrumadora se apropió de mi ser y me dí cuenta que estaba trascendiendo sobre un puente complejo que me alejaba de aquel espacio que había llamado: Vida

En el otro universo paralelo, el otro Pablo estaba enfrentando un juicio, un juicio extraño en un juzgado oscuro con la más extraña juez que no me estaba juzgando, solo me cuestionaba ¿qué es lo que querría?

El universo del juzgado era extraño por que no sabía lo que deseaba, quizás por que no alcanzaba a descubrir los significados de aquel sitio legal y ¿quién era aquella juez amable que me recibía?

Como les había narrado, estos dos universos distintos y que se confrontaban coexistían simultáneamente entre si y yo así lo sentía, querría decir ¡Vivía! pero no sería el adjetivo correcto para dicha experiencia.

Aquella juez seguía insistiendo en preguntar ¿qué es lo que yo deseaba? y no podía responder ya que no tenía respuesta alguna sino un millón de dudas coexistiendo dentro de mi. Aquella juez solo acertó a decirme si deseaba ya quedarme ahi "definittvamete".

Ese concepto de "definitivo" me retumbaba en mi conciencia de paso, yo creía que estaba de paso por aquel lugar de juicio. me dí cuenta que aquello que llamamos muerte es el único sitio definitivo con el que los humanos podemos contar. Y para esa definición no estaba preparado. Como si exigiera un espejo para reflejarme y observar mi reflejo en aquel universo lejano y tenia miedo de que solo se reflejara una imagen catrina de José Guadalupe Posadas en dia de muertos.

Mientras tanto en el otro universo de abajo, digo abajo, por diferenciar los sitios universales, uno sobre el otro. En ese universo inferior seguía ese cuerpo conectado eléctricamente e intubado para quizás seguir inflando aquel globo de piel que era yo y mis pulmones o lo que quedaban de ellos. 

La mujer de blanco que se había quedado a mi lado no dejaba de mirar todas las pantallas que me rodeaban con indicadores luminosos que quizás algo decían para que aquella mujer entendiera ese universo extraño que llamamos Vida y sus signos vitales. Los demás hombres de blanco ya no estaban, solo había un silencio entrecortado por los "Bips" de las pantallas y sus lineas oblícuas.

De pronto entaron mis hijas ahora si frente a mi, sin saber que yo las escuchaba aunque no podía verlas. Pero les sentía la tristeza que inundaba toda la habitación de cristal y solo alcanzaban a murmurar: ¡Dios, si Papá está sufriendo mejor llévatelo contigo, no deseamos que sufra! Y yo me daba cuenta como si pusieran un espejo de dolor frente a mi pero me alcanzara a dar cuenta de ese mi dolor y aquello me llenaba de dudas. ¿Debía decidir marcharme ya? ¿quién lo tendría que decidir?

Inmediatamente después del mismo modo entrarían algunos de mis hermanos que veían frente a si a su hermano menor conectado y moribundo sin haberlo esperado siquiera por una sospechosa enfermedad que me aquejara. Descubrir su tristeza me daba pena, me ponía triste como si me contagiaran de su tristeza melancólica y sorpresiva.

Y ellos repetirían la misma frase que mis hijas habían expresado, ¡Que no sufriera!

Una pequeña eternidad  estaba viviendo o experimentando en mi reloj de vida, en ese reloj marcaban quince días transcurridos y en el universo paralelo superior solo habian pasado unos pocos segundos, por darle alguna denominación temporal que arriba no existe.

CONTINUARA!