viernes, 10 de junio de 2022

Querido Padre

Quisiera hacer un homenaje sencillo pero muy sentido a un hombre que me enseño a ser hombre, a un padre que me enseño a ser padre, un ser que iluminó con la esencia de su ser todo el camino que fuí recorriendo paso a paso desde sus pasos y sus huellas sobre la arena de las playas de Colima, Miramar, manzanillo, la audiencia, Santiago. Y las calles de una bella ciudad blanca y sus portales limpios, llenos de historia de mi sangre .
Un hombre que fué y ha sido no solo un ejemplo con su ejemplo sino una virtud desde su virtud, ser quien quizo ser sin mostrarse indispensable pero con la fuerza que el destino le mostró como homenaje a su tierra natal y a la tierra que lo vió morir.

Don Andrés no requería de un día para un homenaje ya que silencioso hizo historia con su historia y no era necesario un busto o monumento en cualquier sitio para hacerlo histórico. Bastaron sus apellidos ilustres para lustrar las baldosas limpias de la tierra que se enorgullecía de darle origen a sus pasos. 
Donde él iba, el orgullo de Colima se hacía grande y su historia con él avanzaban juntos haciendo historia. 

Don Andrés García heredaba la historia de otro padre silencioso que construyó con la modestia que su pasión silente le dió por pauta un papel y la tinta que hasta hoy día se siguien imprimiendo día con día en su natal Colima Capital del mundo Colimote de una revolución que le dió jugo de Lima y Coco y tejuino y tuba como leche materna que alimenta el pasado y el presente de todos nosotros.

El Padre de mi Padre y mi padre, no solo fueron el linaje masculino que me antecedió sino el lenguaje limpio de la letra y la palabra que cabían en una página de un diario que se escribia con pasión diaria y se publicaban cada semana a los lectores asiduos que gustaban tanto de su columna dominical y sus comentarios frescos como el alfajor de coco de su tierra.
 
Don Andrés y Don Andrés, fueron los dones que colmaron la historia de mis hermanos y la mía al mismo tiempo. Basta que eche una sencilla mirada al espejo para que ese don...Andrés aparezca frente a mí , con aquella nostalgia con la que hoy los miro frente a mi, me regalaron su sonrisa y su estilo de parafrasear la crónica de todas las historias de una tierra que conocí poco pero que honre toda mi vida.

Comala sin Juan Rulfo pero con delicioso Ponche de Granada de Don Mele en los portales huele a un pasado que nunca pisé. Villa de Alvarez y sus platos de sopitos pequeñitos y de diez en diez que saben honrar el paladar de cualquier coterraneo que pisa su suelo.

Cuyutlán y su ola verde enorme e impactante daba miedo o respeto al mejor de los clavadistas y nadadores y frente a Miramar las señoras gordas con enormes sombreros y sus ollas repletas de ceviche para colocar en ricas tostadas se paseaban con su sencilla gastronomía popular mientras recorrían una playa semivacía buscando comensales hambrientos de sus manjares.

Miles de dones en esa historia de una pequeña patria en el pacifico mexicano con un pueblo colimote que hacia las delicias de chicos y grandes con sus nieves frescas en Cihuatlán en su quiosco simple pero dulce.

Todo eso y mucho más viene a mi cuando digo la palabra PADRE.

Pablo Lorenzo García

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