sábado, 19 de septiembre de 2020

Yo no tuve Cáncer

 

    Cumplí 50 años y para celebrarlo me interne en un hospital verde lleno de esperanzas y medicamentos, medio siglo, me dije, no se cumplen todos los días y así de fácil pude entender cómo convertirme en un absceso frágil e infeccioso y así confundir los días y las noches y las horas y los colores de las sábanas que eran los mismos de las batas inmunes sin nalgas.
El quinto piso lo inauguré en el tercer piso y para festejarlo me puse flemático como buen inglés que no soy, Y aguantando la respiración me quede callado y sin aire pero en el salón de fiestas en que me encontraba también había oxígeno para inflar globos y pulmones aunque los míos se negaron a participar en esa ridícula fiesta pública de mi cumpleaños y me prestaron un pulmón mecánico que decidía por ellos pero eso sí, hubo muchos invitados que llegaban de 2 en 2 y de tres en cinco y les daban pases en la entrada para subir a la fiesta con un control excesivo de pase porque dentro había muchas otras fiestas y muchos festejados que compartían desde sus camas eléctricas.
Fue el festejo más largo y prolongado que he tenido con tantos invitados de disfraces blancos y que no reconocía. En ocasiones la celebración se alargaba hasta altas horas de la noche o bien iniciaba desde tan temprano cuando una edecán obesa y con un sombrerito simpático me despertaba encendiendo la luz de las 5 de la mañana adornándome con tubitos de vidrio en mi axila e inflando mis brazos aleatoriamente ya que estos parecía que se desinflaran solos.

Todos los restantes invitados llegaron todos de blanco hasta en sus zapatos y apenas entrada la mañana sin luz adornaban mi garganta creo que para limpiar mis dientes desde dentro del cuello desarmable.
Aprendí a aguantar el dolor y cubrirlo con una sonrisa para que los nuevos invitados e invitadas guapas se quedaran en mi fiesta.

Todos mis amigos en mi fiesta les pedían participar de mis preparativos, hasta me asignaron un número que colgaron de mi cabecera para que los invitados no se extraviasen para llegar a mi festejo.

 ¡Yo no tuve cáncer!
¿Recuerdan de en donde les describí la fiesta tan hermosa que tuve para mis cincuentas en aquel hospital verde? Fue tan impactante para mí que desde ese especial cumpleaños decidí dedicarme a planear fiestas del último cumpleaños, despedidas, cierres, homenajes y todos esos rituales de inicio y término. Fiestas infantiles, juveniles, de adultos y fiestas seniles.
Los otros especialistas con los que platico de vez en cuando, esos de bata blanca y barba o bigote y lentes que hablan con un lenguaje extraño de un griego antiguo en el que casi nadie les entiende, tampoco entienden aquellas frases y mensajes en los que invito a crear la ficción del morir.
A aquellos amigos a los que les organizo su fiesta de despedida, la mayoría se disfrazan de cáncer y no todos pertenecen a ese signo, pero creen que son de ahí y que están enfermos, aunque yo les digo: ¡Usted no está enfermo, solo tiene cáncer! y con un rostro de incredulidad y duda se quedan mirándome sin entender ninguna de las 7 palabras que acaban de escuchar de mi boca. ¿Qué diferencia existe entre enfermedad y cáncer?, los miran como sinónimos como si fueran dos caras de la misma moneda, pero no es así, enfermedad es una actitud de pertenencia del un conflicto y cáncer es un cangrejo que se confunde con la huella que deja a su paso ese dolor ajeno que poco a poco nos vamos apropiando hasta convertirlo en un sufrimiento que vivimos por dentro.
En fin, esa fiesta del duelo y del sentido de la vida es la fiesta más significativa de toda nuestra existencia, llena de gratitud y honra por lo que somos, por lo que fuimos y por lo que seremos.

Por otro lado hay un episodio de mi fiesta de cincuentas que me encanta narrar, quizás son varios episodios pero podríamos unirlos todos juntos:
En aquel salón de fiestas tan extraño del primer piso donde se hallaba mi cama junto con las de otros 3 festejados, siempre había quien se le terminaba el tiempo de festejar, ya sea por qué lo habían dado de alta o también lo habían dado de baja cuestión de sentido, cuando los daban de baja me daba cuenta porque aquellas sabanas blancas ya no estaban ni se tomaban la molestia de cambiarlas, simplemente se quedaba la cama desnuda con el colchón de plástico verde. y si habría de regresar a la fiesta era porque se lo habían llevado a un paseo a otro piso y sus sabanas simplemente eran cambiadas y renovadas por otras limpias. 


La fiesta siguió y siguió, y hubo nuevos invitados, uno de ellos lo recuerdo muy especialmente a su llegada, de pronto apareció una camilla normal, no más grande no más pequeña, pero recostado en ella un hombre con una gran obesidad que llegaba a los bordes de dicha cama, parecía que le faltaba espacio para poderlo contener y ante tan inusitado y especial invitado

1 comentario:

  1. Simple y sencillamente hermosa reflexión. No estoy enfermo solo tengo cáncer !!!

    Gracias por compartir

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