Cuando la cólera me muerde, o cuando estoy triste
Untado con el bálsamo para la tristeza como para morirme
Apareces distante, intocable, junto a mí
Me miras como a un niño y se me olvida todo
Y ya sólo te quiero alegre, dolorosamente
He pensado en la duración de Dios
En la manteca y el azufre de la locura
En todo lo que he podido mirar en mis breves días
Tú eres como la leche del mundo
Te conozco, estás siempre a mi lado más que yo mismo
¿Qué puedo darte sino el cielo?
Recuerdo que los poetas han llamado a la luna con mil nombres
Medalla, ojos de Dios, globo de plata
Moneda de miel, mujer, gota de aire
Pero la luna está en el cielo y sólo es luna
Inagotable, milagrosa como tú
Yo quiero llorar a veces furiosamente
Porque no sé qué, por algo,
Porque no es posible poseerte, poseer nada
Dejar de estar solo
Con la alegría que da hacer un poema
O con la ternura que en las manos de los abuelos tiembla
Te aproximas a mí y me construyes
En la balanza de tus ojos
En la fórmula mágica de tus manos
Un médico me ha dicho que tengo el corazón de gota
Alargado como una gota y yo lo creo
Porque me siento como una gruta
En que perpetuamente cae, se regenera y cae
Perpetuamente
Bendita entre todas las mujeres
Tú, que no estorbas
Tú que estás a la mano como el bastón del ciego
Como el carro del paralítico
Virgen aún para el que te posee
Desconocida siempre para el que te sabe
¿Qué puedo darte sino el infierno?
Desde el oleaje de tu pecho
En que naufraga lentamente mi rostro
Te miro a ti, hacia abajo, hasta la punta de tus pies
En que principia el mundo
Piel de mujer te has puesto
Suavidad de mujer y húmedos órganos
En que penetro dulcemente, estatua derretida
Manos derrumbadas con que te toca la fiebre que soy
Y el caos que soy te preserva
Mi muerte flota sobre ambos
Y tú me extraes de ella como el agua de un pozo
Agua para la sed de Dios que soy entonces
Agua para el incendio de Dios que alimento
Cuando la hora vacía sobreviene
Sabes pasar tus dedos como un ungüento
Posarlos en los ojos emplumados
Reír con la yema de tus dedos.
¿Qué puedo darte yo sino la tierra?
Sembrado en el estiércol de los días
Miro crecer mi amor, como los árboles
A que nadie ha trepado y cuya sombra
Seca la hierba, y da fiebre al hombre
Imperfecta, mortal, hija de hombres
Verdadera
Te usurpo, ya lo sé diariamente
Y tu piedad me usa a todas horas
Y me quieres a mí, y yo soy entonces
Como un hijo nuestro largamente deseado
Quisiera hablar de ti a todas horas
En un congreso de sordos
Enseñar tu retrato a todos los ciegos que encuentre
Quiero darte a nadie
Para que vuelvas a mí sin haberte ido
En los parques, en que hay pájaros y un sol en hojas por el suelo
Donde se quiere dulcemente a las solteronas que miran a los niños
Te deseo, te sueño
Qué nostalgia de ti cuando no estás ausente
(Te invito a comer uvas esta tarde
O a tomar café, si llueve,